En el mundo vemos continuamente diferencias, guerras que se desatan y que en realidad, ni siquiera sabemos por qué. Cada mañana la violencia toca a nuestra puerta con sus noticias. Nos informamos de cosas que suceden en el exterior, pero lo que realmente nos afecta es lo que toca a nuestros seres queridos, a aquellos que amamos y cuidamos, a quienes conocemos. Sentimos que lo que sucede más allá de eso no tiene que ver con nosotros, que somos víctimas de decisiones de políticos, de estrategas, de intereses en los cuales no podemos tener influencia.

¡También vemos que hay tantas ideologías en el mundo! El problema se inicia cuando comenzamos a utilizar estas ideologías para definir lo que somos. Cuando eso sucede, inmediatamente consideramos equivocado el punto de vista del otro. ¿Qué está creando esto? Separación, desacuerdo, conflicto, discriminación e intolerancia.

Pero sin salir siquiera a la calle encontramos también, dentro del núcleo de nuestras familias y dentro de nuestra propia cabeza, lucha, roce, conflicto, resentimientos, crítica, mentiras, engaños, agresiones, violencia. Muchas relaciones están bien, pero ¿qué hacemos con las que no lo están? Las ignoramos, nos guardamos lo que sentimos, nos volvemos indiferentes. Esto nos enferma emocional y físicamente y en algún momento, hace explosión.

Es muy importante ser la dicha en cada momento, no desde una memoria o desde una experiencia del pasado. Es la dicha de ser. Pensamos que esa dicha, ese amor, la tenemos que lograr desde el afuera, pero eso nunca es así. Tienes que serlo y darlo, y cuando encuentras esa fuente interna, esa abundancia de paz, de amor, puedes ser eso todo el tiempo. De ese modo eres conciencia en acción siempre y llevas esa dicha a lo que antes hubieras considerado mundano: la dicha al lavar los platos, la dicha en una congestión del tráfico, la dicha en todo. Porque es intrínseca, es lo que uno es, y ése es el gran secreto.

Todos, siempre, estamos intentando cambiar al mundo, y sí, la conciencia evoluciona, claro que evoluciona en lo externo, pero para sanar al mundo, cada uno tiene que ser el amor, es así como el mundo sana. La paz mundial es la responsabilidad de cada persona, no solo del Presidente o de las autoridades. Es responsabilidad de cada uno cambiar al mundo a través de sanarse a uno mismo, siendo el amor, siendo la dicha y dando eso. Hay personas increíbles a lo largo de la historia que han podido lograr eso, podemos inspirarnos en ellos, usarlos como guía.

La única manera de lograr paz en el mundo, para mí, es a través de la elevación de la conciencia de cada uno de los habitantes de este planeta, cada ser humano tomando responsabilidad por su propia felicidad, por su propia creación, por su propia experiencia. ¿Y a qué me refiero cuando hablo de conciencia? A la capacidad de expandir el amor que une a todos en un gran sí a la vida y a todo.

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La dicha de ser
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En el mundo vemos continuamente diferencias, guerras que se desatan y que en realidad, ni siquiera sabemos por qué.
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Isha Judd
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