Unificación Isha Judd
Toda la violencia, el miedo y la escasez nacen del mismo lugar: no amarnos a nosotros mismos. Cuando eso cambia, cambia todo.
Creando un Mundo Consciente · 4 min de lectura

Los humanos no se aman a sí mismos

Toda la violencia, el miedo y la escasez nacen del mismo lugar: no amarnos a nosotros mismos. Cuando eso cambia, cambia todo.

Isha Judd

El deseo de Isha Judd es que todo ser humano se ame a sí mismo de forma incondicional, porque en el momento en que eso sucede, todo cambia. Todos los comportamientos dañinos, toda la violencia, toda la escasez y todos los miedos vienen de un mismo origen: la carencia del amor a uno mismo.

Como los seres humanos no se aman, vivimos en falta, en miedo, en competitividad, definiéndonos a través de nuestros sistemas de creencias. Vamos a la guerra porque creemos que hay carencia. Y sin embargo la solución es simple: una vez que te amas a ti mismo, amas a todos. Lo difícil es que, en el fondo, muchos no piensan que se lo merecen.

Cuando te amas, todo se vuelve importante

No conocer la grandeza de quienes somos en verdad, no saber la capacidad que tenemos de crear, no saber que no hay limitaciones, no saber que somos todos uno: de ahí viene la carencia. Cuando nos damos cuenta de eso a través de amarnos a nosotros mismos, absolutamente todo se torna importante.

El medio se vuelve importante, el otro y tú se vuelven importantes, aquello que tenemos en común se vuelve importante. El amor, la unidad, la generosidad y la gratitud son las cosas que sostienen a una sociedad en amor-conciencia. Nos merecemos sentir amor, paz y dicha, porque esa es nuestra esencia verdadera.

La conciencia y el trabajo no están separados

No se trata de estar meditando en una montaña. La conciencia es en cada momento, en medio del trabajo, en las escuelas, en las calles, porque aquello que uno está siendo define absolutamente todo. La empresa, los negocios, el trabajo y la conciencia son lo mismo: lo material y la conciencia son dos lados de una misma moneda.

Isha lo vive junto a sus maestros en sus dos Centros: viven en el momento, dan, aman, son dichosos y disfrutan lo que hacen, unidos y dando lo mejor en cada instante. Así tendría que ser la vida, tanto en las empresas grandes como en las escuelas y en las calles. La conciencia y el trabajo no están separados para nada.

Señales de que estás viviendo en carencia

  • Vives en falta, en miedo o en competitividad, comparándote con los demás.

  • Te defines a ti mismo a través de tus sistemas de creencias en lugar de tu esencia.

  • Crees que hay escasez y actúas desde ahí, incluso al punto de justificar el conflicto.

  • Sientes que no te mereces lo mejor, que no mereces amor, paz ni dicha.

  • Separas la espiritualidad del trabajo, como si fueran dos mundos distintos.

Un caso para reconocerte

Estás en medio de tu jornada y aparecen las preguntas que revelan lo que estás siendo: «¿estoy siendo productivo?», «¿estoy dando?», «¿estoy siendo consciente?», «¿estoy presente en este momento?». Detrás de todas ellas hay una sola: «¿me estoy amando a mí mismo?».

Al terminar el día, observa si dejaste ir tu estrés o si te lo llevaste a casa. Ese detalle simple te muestra cómo te estás definiendo: a través de tu propia excelencia y del amor, o a través de la carencia. Elegir cómo vas a ser, en cada momento, ya es un acto de amor propio.

La práctica: elegir la conciencia en cada momento

  1. 1

    Durante el día, pregúntate qué estás siendo: «¿estoy siendo conciencia?», «¿estoy siendo consciente de los otros y del medio ambiente?».

  2. 2

    Lleva la misma pregunta a tu trabajo: «¿estoy dando lo mejor de mí?», «¿estoy definiéndome a través de mi propia excelencia?».

  3. 3

    Observa tu estrés y decide dejarlo ir en lugar de llevártelo a casa.

  4. 4

    En cada instante, elige de forma consciente cómo vas a ser: amoroso, presente, dichoso.

  5. 5

    Recuerda que todo se reduce a una sola pregunta: «¿me estoy amando a mí mismo?».

Yo soy eso, yo soy eso y no hay nada más que eso.

Isha Judd

FAQ

Preguntas frecuentes

  • Para Isha Judd, la falta de amor propio es la raíz de todo lo que nos daña. Los seres humanos no se aman porque, en el fondo, no piensan que se lo merecen. De esa carencia nacen la violencia, la escasez, el miedo y la competitividad. La solución que ella propone es simple: una vez que te amas a ti mismo, amas a todos. Por eso su deseo es que cada persona se ame de forma incondicional.

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