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Sé consciente del impacto que tu propio crecimiento tendrá en tus hijos

By 10 Julio, 2016Blog, Relaciones

Los niños son un regalo en la vida de cualquiera, trayendo la dicha de la inocencia a nuestro mundo y ayudándonos a salir de la seriedad que tan a menudo nos envuelve como adultos. Criar a los niños es una tarea admirable y una maravillosa oportunidad para dar al mundo, al ser padre estás ayudando literalmente a formar a la próxima generación. Por lo tanto, es importante que los padres estén conscientes del impacto fundamental que su propio crecimiento personal tendrá en sus hijos. El tener un modelo íntegro a seguir es el factor más importante en el desarrollo de un niño.

No hay regalo más grande que podamos dar a los niños que nuestro propio ejemplo. Nuestras acciones les suenan más fuertes que nuestras palabras, y su inocencia y percepción no contaminada cortan a través de las pretensiones y las hipocresías con una precisión insólita. De esta manera, los niños pueden servirnos como barómetro de nuestra propia integridad, si los usáramos como tal, entonces el ser padres puede ofrecernos un elemento adicional de crecimiento, un espejo claro de perfección inmaculada que constantemente nos esté reflejando de vuelta a nosotros mismos. Por supuesto, por momentos tal vez estaremos tentados a simplemente callar a nuestros hijos con alguna frase terminante sobre la superioridad de los adultos, pero muy probablemente sería mas sincero de tu parte parar, escucharlos y preguntarte por qué encuentras ciertos comentarios o insistencias de su parte tan irritantes.

Muchos padres dudan de sí mismos al encarar los retos y responsabilidades de la crianza de sus hijos. De hecho, rara vez he conocido un padre o una madre, que sienta que esté haciendo bien su tarea. Sin embargo, el comentario típico de que “los hijos no vienen con manual de instrucciones”, ignora el hecho de que no deberían venir con uno. El esfuerzo por criar hijos perfectos está predestinado al fracaso, ya que los niños no deberían ser “perfectos”. Están destinados a tener una experiencia humana, con pérdidas y ganancias, retos y logros, oportunidades y posibilidades. Así como la ostra, que sin la impureza del grano de arena no puede confeccionar la perla, los niños sin fricción no podrán crecer, no podrán madurar, no aprenderán el discernimiento, la responsabilidad o el poder de la elección.

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