RelacionesCómo empezar a soltar el apego
Isha Judd

«Ama a los demás como a ti mismo» empieza por lo que solemos saltearnos: amarte a ti. No puedes dar desde un lugar que todavía no habitas.
De niña me horrorizaban los comportamientos de la humanidad. Me parecían absurdos e incomprensibles, así que lo cuestionaba todo y peleaba con todo, convencida de que las ideas tradicionalistas y las obligaciones de la sociedad no se basaban en la verdad.
Cuando cumplí los dieciocho me sometí y decidí jugar según las reglas. Así viví dos experiencias distintas: la de no encajar y no abandonarme, aunque me sintiera rechazada muchas veces, y la de encajar y ser aprobada y admirada, pero abandonándome a mí misma.
Cuando era niña me decían que tenía que amar a los demás como me amaba a mí misma. Pero yo me preguntaba: ¿cómo hago eso, si también me enseñaron que amarme a mí misma era ser egoísta? Me parecía una gran contradicción. Tenía que amar a los otros y, al mismo tiempo, me decían que era una pecadora e imperfecta.
Siempre nos hablan de dar a los demás, de dejar de ser egoístas, de ofrecer la otra mejilla. Transformaron las palabras de Jesús en reglas de buena conducta y crearon el mito de que eran instrucciones para ser una buena persona. Pero para ser una buena persona, como sin duda Jesús lo fue, hay que venir desde la conciencia, y eso empieza con el amor a uno mismo.
Piensa en la metáfora de la manzana lustrosa y el gusano. ¿Cómo vas a brillar de verdad desde el corazón si hay un gusano vivo circulando dentro? Puedes sacarle brillo a la cáscara, pero la manzana sigue podrida. Primero hay que remover el gusano, y lo removemos suavemente, amando cada aspecto de él.
Recién entonces la luz del corazón y el amor incondicional pueden darle a la manzana un brillo verdadero, y ahí sí puedes hacer a los demás lo que te haces a ti mismo. Porque los maestros iluminados son siempre malinterpretados: sus acciones son fruto del amor hacia sí mismos, y no logras ese amor imitando lo que ellos hacen.
Señales de que te abandonas para encajar
Te sometes a las reglas y te sientes aprobado, pero por dentro te traicionas a ti mismo.
Crees que amarte es ser egoísta, así que lo pospones para atender siempre a los demás.
Intentas ser una buena persona imitando lo que hacen otros, sin partir de tu propio amor.
Le sacas brillo a la cáscara (tu imagen) mientras por dentro sigues siendo severo contigo.
Te torturas, te juzgas y eres duro contigo, y luego tratas a los demás de esa misma forma.
Un caso para reconocerte
Isha lo cuenta desde su propia historia: a los dieciocho eligió encajar. Fue aprobada y admirada, pero se abandonó a sí misma. La otra opción, no encajar, le costaba el rechazo, pero al menos no se traicionaba. Tarde o temprano hay que elegir, y muchas veces elegimos la aprobación de afuera a costa de nosotros mismos.
La ironía es que cada ser humano les hace a los demás lo que se hace a sí mismo. Nos torturamos, nos juzgamos, somos excesivamente severos y hasta nos aterrorizamos, y desde ese trato salimos a «amar» a los otros. Por eso el orden importa: primero ser el amor, y desde ahí dar.
La práctica: ser el amor primero
Antes de salir a dar, pregúntate desde dónde lo haces: ¿desde el amor a ti o desde la obligación de ser bueno?
Observa cómo te tratas a ti mismo. Ese mismo trato es el que, sin darte cuenta, les das a los demás.
Remueve el gusano con suavidad: mira los aspectos que rechazas de ti y ámalos, en lugar de solo maquillar la cáscara.
Deja de creer que amarte es egoísmo. El amor propio no te aleja de los demás: es lo que te permite darles de verdad.
Cuando te descubras abandonándote para encajar, elige no traicionarte, aunque cueste la aprobación de afuera.
Seamos el amor, y desde ahí daremos a todos.
FAQ
Isha Judd señala la parte que solemos saltar: el «como a ti mismo». No puedes dar a los demás un amor que todavía no te das a ti. La frase se suele leer como una regla de buena conducta, pero amar de verdad al otro nace del amor a uno mismo. Sin ese cimiento, damos desde la obligación o la carencia. Por eso el orden importa: primero ser el amor, y desde ahí darlo a todos.
Para profundizar

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