RelacionesCómo empezar a soltar el apego
Isha Judd

El sufrimiento no viene de la vida, viene de tu apego: a la opinión de los demás, a que todo sea distinto, a las cajitas del intelecto que etiquetan todo como bueno o malo.
Todo es perfecto en cada momento, siempre. Y siempre habrá dualidad, pero es tu respuesta a esa dualidad lo que importa. Si te anclas en la conciencia, no puedes sufrir: es imposible. El dolor no llega desde afuera, llega desde el programa que creaste con tu intelecto, ese que juzga, compara y analiza cada situación de tu vida.
Nuestro sufrimiento nace de ese hábito de la mente que pregunta «¿por qué tengo que pasar por esto?». Y la respuesta es simple: porque estás experimentando dualidad. Cuando dejas de engancharte en las dudas del intelecto, las situaciones dejan de atraparte y de hundirte más hondo en el dolor. Los apegos son algo que nos hace sufrir, y mucho, y por eso Isha Judd invita a soltarlos.
La inocencia no tiene expectativas ni ideas de cómo deberían verse las cosas. Imagina una familia que va a pasar el día en la playa. En el camino aparecen nubes enormes de lluvia, y cuando llegan está lloviendo fuerte, el mar picado y gris, las olas reventando violentamente en la arena. ¿Les importa a los niños? Por supuesto que no: aman la playa de cualquier manera, corren bajo la lluvia y se divierten igual.
A medida que crecemos vamos perdiendo esa inocencia. Coleccionamos pequeñas cajitas y etiquetamos todo como bueno o malo. Pero no hay nada malo: solo es diferente. Cuando estás anclado en la conciencia tienes la capacidad de ver eso, porque la conciencia es quien tú verdaderamente eres. Al ser tú en un cien por ciento, la vida se vuelve el cielo y por fin puedes disfrutar de la dualidad en lugar de juzgarla.
La dualidad es genial: es el paisaje de la vida, y sería terriblemente aburrido si todo fuera siempre lo mismo. Pero como adultos nos hemos vuelto adictos al sufrimiento. Cuando todo está saliendo bien, siempre conseguimos arruinarlo, y aparece el pensamiento «me está yendo tan bien, ¿cuánto durará?». Creamos un drama para poder sufrir, porque en el fondo amamos sufrir. Es lo más difícil de soltar para los humanos.
Una de nuestras limitaciones más grandes es el apego a la opinión de los demás. Nos parece tan complicado ser reales y hablar nuestra verdad, porque vivimos con un miedo constante de perder la aprobación. El intelecto es muy bueno justificando ese auto abandono: mentimos todo el tiempo, siempre con las máscaras puestas. Lo ridículo es que todos pueden ver a través de ellas, porque todos jugamos los mismos juegos con las mismas máscaras.
Señales de que estás sufriendo por apego
Te preguntas «¿por qué tengo que pasar por esto?» y te sientes atrapado por las situaciones de tu vida.
Etiquetas todo lo que ocurre como bueno o malo, en vez de verlo simplemente como diferente.
Cuando todo va bien, aparece el «¿cuánto durará?» y terminas arruinándolo.
Callas tu verdad por miedo constante a perder la aprobación de los demás.
Vives con las máscaras puestas y justificas tu auto abandono con excusas del intelecto.
Un caso para reconocerte
Una familia planea su día de playa y el clima no acompaña: llega la lluvia, el mar gris, las olas violentas. Los adultos se sientan a pensar «si estuviera soleado la estaría pasando bien», y el día queda arruinado por una idea de cómo debería ser. Los niños, en cambio, corren bajo la lluvia y se divierten igual, porque no tienen apego a ninguna imagen de perfección.
Fíjate cuántas veces haces lo mismo con tu propia vida. No es la situación la que te hunde, es tu respuesta a ella: la cajita que la etiqueta como mala. Cuando regresas a la inocencia y dejas de tratar de cambiarlo todo, experimentas la perfección que ya estaba ahí, sin necesidad de que nada externo cambie.
La práctica: soltar el apego y volver a la inocencia
Cuando aparezca la queja «¿por qué tengo que pasar por esto?», recuerda que estás experimentando dualidad y suelta la duda del intelecto.
Deja de andar tratando de cambiar todo y regresa a la inocencia: abraza lo que pasa sin etiquetarlo como bueno o malo.
Ponte muy en contacto contigo mismo para ver los lugares donde te aferras y te apegas para sentirte más completo.
Observa tu apego a la opinión ajena: anímate a ser real y hablar tu verdad, aunque temas perder la aprobación.
Enfócate en el amor y da desde ahí, empezando siempre por ti.
El amor sin apego es la forma más grandiosa del amor. Es amor puro. Da. No toma. Y no hay sufrimiento.
FAQ
Para Isha Judd, los apegos nos hacen sufrir porque nos atan a una idea de cómo deberían ser las cosas. El sufrimiento no viene de la vida, sino del programa del intelecto que juzga, compara y analiza. Cuando te apegas a la opinión de los demás o a que todo salga de cierta forma, te sientes atrapado. Al soltar esos apegos y volver a la inocencia, dejas de hundirte en el dolor y experimentas la perfección del momento.
Para profundizar

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