Unificación Isha Judd
El sí no sale por generosidad: sale antes, para evitar una incomodidad de dos segundos. El precio se paga después, y lo paga el vínculo que querías cuidar.
Relaciones · 6 min de lectura

Por qué dices que sí cuando quieres decir que no

El sí no sale por generosidad: sale antes, para evitar una incomodidad de dos segundos. El precio se paga después, y lo paga el vínculo que querías cuidar.

Isha Judd

Dices que sí queriendo decir que no porque el sí resuelve el momento y el no lo abre. En el segundo en que te preguntan aparece una incomodidad muy corta, y el sí la apaga enseguida. El costo no se ve ahí: se ve el jueves, cuando toca cumplir y ya no queda tiempo, ni ganas, ni presencia.

No es falta de carácter ni desorganización. Es una respuesta aprendida, y muy temprano. «Estamos entrenadas para complacer a los demás, y tienes que tener claro lo que estás haciendo», dice Isha. Complacer se enseña como una virtud, y por eso cuesta tanto reconocer el precio que tiene.

El sí automático no es generosidad: se adelanta a un miedo

Isha nombra los miedos de fondo sin adornarlos: «Miedo a la desaprobación, miedo a no ser suficientemente buenos, miedo a ser abandonados, miedo a no ser amados. Todos los seres humanos tienen esos miedos». El sí rápido es la manera más eficiente de que ninguno de esos cuatro aparezca en la conversación. Por eso sale solo, sin que llegues a pensarlo.

Ella lo cuenta también desde su propia historia: «Siempre transigía en mis relaciones interpersonales porque tenía miedo a ser abandonada». Y le pone nombre al mecanismo completo: «La máscara de chica buena es que siempre estás buscando aprobación, así que es muy fácil, porque te estás abandonando a ti misma». Eso es lo que se paga cada vez que aceptas algo que no querías. No es tiempo. Es que la persona a la que dejas afuera de la conversación eres tú.

El costo del sí que no era tuyo lo termina pagando el vínculo

Un sí forzado no queda en tu cabeza: llega al otro. Quien te esperaba recibe las dos cosas a la vez, tu palabra diciendo una y tu energía diciendo otra, y eso desconcierta más que un no dicho a tiempo. Después aparece lo que Isha describe como estar «cómodamente incómodos»: seguimos en situaciones que nos hacen transigir y armamos excusas para no mirarlas, porque incomodan un poco menos que cambiarlas.

Ahí es donde se acumula el resentimiento, que casi nunca se dirige a quien pidió: se dirige a quien más quieres. «Siempre tenemos que buscar un lugar donde estemos abiertos, sin resentimiento, sin expectativas», propone Isha. Y el camino que ofrece no es un guion de respuestas duras, es otro: «Una vez que estás presente en ti, puedes empezar a elegir». La diferencia entre el sí automático y una respuesta tuya son unos segundos de distancia entre la pregunta y lo que contestas.

Señales de que el sí te está saliendo automático

  • Aceptas antes de haber mirado cómo entra eso en tu semana.

  • Ensayas la negativa en la cabeza y al final sale un sí igual.

  • Cumples lo que aceptaste, pero llegas con lo justo y sin ganas.

  • Cancelas a último momento más seguido de lo que te gustaría.

  • Llevas la cuenta de todo lo que haces por los demás, y esa cuenta pesa.

Una escena que quizás reconozcas

Te escriben un viernes para pedirte algo el sábado. Estás cansada, tenías planes tuyos y aun así respondes «sí, claro, no hay problema» en menos de un minuto. La incomodidad se disuelve al instante y sientes hasta un pequeño alivio.

El sábado llegas tarde, con la cabeza en otro lado, y te vuelves antes de lo previsto. Nadie queda contento, tú tampoco. El problema no fue el sábado. Fue ese minuto del viernes en el que no llegaste a preguntarte qué querías, porque la respuesta ya había salido.

La práctica: recuperar los segundos entre la pregunta y tu respuesta

  1. 1

    Cuando te piden algo, quizás puedas no responder en el mismo momento: decir que lo miras y contestas después ya cambia la respuesta.

  2. 2

    Paras unos minutos y llevas la atención de la cabeza al corazón. No hace falta una postura particular ni un lugar en silencio.

  3. 3

    Notas la diferencia entre el sí que quiere sacarte de la incomodidad y el sí que de verdad quieres sostener.

  4. 4

    Si aparece la culpa, puedes mirarla sin obedecerla: casi siempre habla del miedo a decepcionar, no de lo que quieres.

  5. 5

    Dices tu no sin justificaciones largas. Una explicación corta y honesta cuida más el vínculo que un sí que después no llega.

Si tú hablas tu verdad todo el tiempo, te hace libre porque no te estás abandonando a ti mismo.

Isha Judd

FAQ

Preguntas frecuentes

  • Porque el no abre una incomodidad y el sí la cierra en el acto, y el cuerpo elige lo segundo antes de que llegues a pensarlo. Debajo suele haber un miedo muy concreto. Isha lo enumera sin rodeos: miedo a la desaprobación, a no ser suficientemente buenos, a ser abandonados, a no ser amados. El sí automático es la forma más rápida de que ninguno de esos aparezca. Además, complacer se enseñó como una virtud, así que cada no se siente como una falla de carácter y no como lo que es: una respuesta tuya. No te cuesta porque seas débil. Te cuesta porque estás resolviendo un miedo viejo con una respuesta de dos segundos.

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Para profundizar

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