Si vivimos en la superficie, nuestra paz será intermitente. Ve más profundo, sumérgete en el fondo de tu ser, ve más allá del nivel de pensamiento a una profunda conexión contigo mismo. Nada puede sacarte de ti mismo a menos que lo permitas, nada puede mover tu ser, pues tu ser existe más allá del tiempo y el espacio.

No hay nada que temer

No hay nada que temer en el vacío que yace mas allá de tus pensamientos. Está, de hecho, lleno de la presencia divina.  Aquí no hay ni tiempo ni espacio, solo está el amor que somos. Aprende a sentirte cómodo dentro de ese vacío. Una vez que estemos anclados firmemente en ese espacio, empezamos a interactuar con el mundo desde ahí.

El verdadero viaje es el viaje hacia adentro

No necesitamos dejar el mundo atrás, sino establecernos en este nivel del ser. Desde ahí, el amor-conciencia observa el movimiento de la mente, el incesante flujo de pensamientos. Cuando estamos perdidos en la mente somos incapaces de discernir entre lo real y lo irreal, reaccionamos y nos protegemos ante amenazas que ni siquiera existen. Este momento, aquí y ahora, contiene todo lo que siempre hemos anhelado.

¿Ser testigo de la mente? ¿Qué significa eso?

Ser testigos de la mente significa observar nuestros pensamientos repetitivos basados en el temor. Nuestras mentes tienden a refugiarse habitualmente en un sitio de abandono, negatividad y carencia, un lugar en el que no somos suficientemente buenos, un sitio gobernado por los celos y la comparación: alguien recibe más atención que nosotros, alguien es más bello, más inteligente, más algo.

La mente es como un titiritero jalando nuestros hilos y llevándonos a un reino de intriga paranoide que ni siquiera existe. Cuando estamos anclados en el amor-conciencia, entramos en un estado meditativo profundo que nos permite percibir la mente como algo separado de nuestro ser. Podemos observarla hasta con cariño, como si fuera una anciana delirante que no para de hablar para evadir su propia realidad.

Aprender a atestiguar

Cuando nos internamos en nuestro propio ser, hallamos un nivel de conciencia que nos permite observar la frenética actividad de la mente, sin perdernos en ella. Aprendemos a atestiguar y comenzamos a separar nuestro verdadero ser de la dualidad transitoria que nos rodea. Con la práctica, al ser testigos de nuestros pensamientos, podemos llegar a ser conscientes de nuestras elecciones, convertirnos en creadores y en agentes de cambio, en lugar de conformistas pasivos.

Tendemos a atribuir nuestros problemas y los problemas del mundo a las acciones de los otros. Sin embargo, conforme nuestra capacidad de atestiguar la mente se hace más profunda, llegamos a reconocer que las cosas desagradables externas, en realidad, residen en nuestro interior. En última instancia, el testigo se da cuenta de que se está atestiguando a sí mismo.

¿Te gustaría un mundo donde la gente despierte y asuma su realidad?

Despierta a tus propios pensamientos, tus pensamientos influyen en tus acciones y tus acciones influyen en el mundo.

Deja de esperar que el mundo cambie,

cambia tú

y transformarás lo que te rodea.