Unificación Isha Judd
Si estás sufriendo, ese sufrimiento está en tu cabeza. El intelecto te mantiene en surcos de dualidad; la conciencia te enseña a solo observarlos.
Mente · 5 min de lectura

El sufrimiento está en tu cabeza

Si estás sufriendo, ese sufrimiento está en tu cabeza. El intelecto te mantiene en surcos de dualidad; la conciencia te enseña a solo observarlos.

Isha Judd

Nuestros intelectos son increíbles, fenomenales, pero la conciencia es aún más grande que el intelecto. Por eso conviene enfocarnos en la conciencia y en el amor: desde ahí podemos empezar a atestiguar el intelecto en lugar de vivir a su merced.

La tarea del intelecto es sostenerte en la dualidad. Siempre busca lo correcto o lo equivocado, lo bueno o lo malo; siempre compara, juzga y analiza. Tiene usos prácticos maravillosos, pero también un aspecto destructivo, y ese aspecto es el que te lleva a sufrir.

El sufrimiento es un disco rayado

El aspecto destructivo del intelecto es como un disco rayado: te mantiene dando vueltas en los mismos «surcos» mentales, repitiéndote las mismas cosas negativas una y otra vez. Puedes aprender a solo observarlo, porque ésta es la parte de la mente que nos conduce a sufrir. Solo necesitas recordar que, si estás sufriendo, ese sufrimiento está en tu cabeza. Siempre está en tu cabeza.

Creamos todo nuestro sufrimiento, e incluso creamos personas en el afuera para activar esos surcos. Pero puedes escuchar esas voces y empezar a darte cuenta: «ahh, ésa es mi madre criticándome». Y entonces dejar pasar las voces, y dejar pasar también esa energía con la que intentas defenderte.

El amor no necesita defenderse

El amor nunca se defiende. No necesita hacerlo, porque no tiene una imagen de sí mismo que sostener ni nada que proteger: está completo en sí mismo y no necesita aprobación. Cuando sueltas la necesidad de defenderte, te acercas a ese lugar.

Para entrar en el espacio donde atestiguas el intelecto necesitas expandir tu conciencia. A medida que la conciencia se expande, empiezas a ver los trucos de la mente, esos que te convirtieron en adicto al sufrimiento, y puedes observarlos desde la conciencia en lugar de creerles.

Señales de que tu intelecto te está haciendo sufrir

  • Repites las mismas cosas negativas en la cabeza, como un disco que salta siempre en el mismo surco.

  • Vives comparando, juzgando y analizando para decidir qué está bien y qué está mal.

  • Sientes que necesitas defenderte y proteger una imagen tuya todo el tiempo.

  • Reconoces voces que no son tuyas, como la de un padre o una madre criticándote.

  • Anhelas cosas externas creyendo que por fin te darán la felicidad, y nada te satisface.

Un caso para reconocerte

Aparece una voz en tu cabeza que te critica y, sin darte cuenta, empiezas a sufrir. Si te detienes a escucharla, quizás reconozcas de quién es: «ahh, ésa es mi madre criticándome». En cuanto la reconoces, deja de ser una verdad absoluta y pasa a ser solo una voz vieja que puedes dejar pasar.

Fíjate cómo, además, sueles crear a alguien afuera que activa justo ese viejo surco. No es que el otro te haga sufrir: es tu propio disco rayado sonando otra vez. Cuando lo ves así, dejas de defenderte y el sufrimiento pierde fuerza.

La práctica: atestiguar la mente

  1. 1

    Enfócate en la conciencia y en el amor, y desde ahí observa la actividad de tu intelecto, sin engancharte.

  2. 2

    Cuando aparezca un pensamiento que te hace sufrir, recuerda: ese sufrimiento está en tu cabeza.

  3. 3

    Escucha la voz que te critica e identifícala. Al reconocer de quién es, puedes dejarla pasar.

  4. 4

    Suelta la energía con la que intentas defenderte: el amor no necesita defensa.

  5. 5

    Abraza todo lo que aparece sin etiquetarlo de malo. Míralo como experiencia y elige, desde ahí, lo que te sirve y lo que no.

Si estás sufriendo, ese sufrimiento está en tu cabeza: siempre está en tu cabeza.

Isha Judd

FAQ

Preguntas frecuentes

  • Porque el sufrimiento lo produce el aspecto destructivo del intelecto, no los hechos en sí. La tarea del intelecto es sostenerte en la dualidad: juzga, compara y analiza sin parar, y te mantiene girando en «surcos» mentales que repiten las mismas ideas negativas. Por eso Isha Judd dice que, si estás sufriendo, ese sufrimiento está en tu cabeza. La buena noticia es que puedes aprender a observarlo desde la conciencia en vez de creerle.

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