Creando un Mundo ConscienteLa Magia de Aprender de los Errores: Un Camino Hacia la Evolución Personal
Isha Judd

El pensamiento positivo nace del intelecto y mide todo en lo superficial. Discernir es otra cosa: escuchar al corazón y saber cuándo decir «no».
El pensamiento positivo puede llevarse a extremos que no son beneficiosos. De nada sirve entregarse a la negatividad, pero tampoco funciona mirar la realidad a través de cristales color de rosa. Lo que necesitas es ver las cosas como son, libre del bagaje emocional.
El pensamiento positivo proviene del intelecto, y la percepción del intelecto es limitada: a veces lo que crees que quieres no es lo que te conviene. Por eso conviene aprender a discernir, que es algo muy distinto.
Discernir significa atestiguar desde el amor-conciencia e identificar la diferencia entre los deseos caprichosos de la mente y los impulsos más felices y desapegados del amor incondicional. El pensamiento positivo, en cambio, te lleva a preocuparte demasiado por lo externo.
Así como la voz del intelecto es superficial, los resultados del pensamiento positivo también tienden a medirse en un nivel superficial: el nivel de lo material. El discernimiento que surge de atestiguar rechaza las palabras vacías y favorece aquello que resuena en el corazón.
El discernimiento del amor-conciencia significa saber cuándo seguir adelante y cuándo esperar, cuándo confiar y cuándo dar un paso atrás. Si algo no se siente bien, «pensar positivamente» y avanzar sin hacer caso a tu instinto no sería una acción proveniente del amor-conciencia.
Discernir significa escuchar una voz más profunda que la voz de la mente o de la razón, confiar en tu intuición y permitirte fluir con los impulsos que surgen de tu ser. Cuando discernes con claridad, a veces la respuesta es un «no».
Señales de que estás en el pensamiento positivo, no en el discernimiento
Vives aferrado a la esperanza de que algún día todo va a cambiar, esperando la buena suerte en cada esquina.
Mides tus resultados solo en el nivel material, en lo externo y superficial.
Dices «sí» a todo porque necesitas agradar y obtener la aprobación de los demás.
Algo no se siente bien, pero decides avanzar igual e ignorar tu instinto.
Sigues los deseos caprichosos de la mente en vez de los impulsos desapegados del corazón.
Un caso para reconocerte
Una chica nueva en la oficina, insegura y desesperada por aprobación, acepta todo el trabajo más pesado de sus colegas, sin ver que se están aprovechando de su necesidad de agradar. Su deseo exacerbado de decir «sí» a todo nace de la baja autoestima, y eso la conduce directo al resentimiento.
Si empieza a valorarse más y a darse su lugar, descubrirá que pone más límites y dice «no» cuando alguien trata de sacar ventaja de ella. En este caso, decir «no» significa valorarse a uno mismo y soltar la necesidad de ser aceptado.
La práctica: discernir en vez de solo pensar en positivo
Ante una decisión, atestíguala desde el amor-conciencia en lugar de dejar que decida el intelecto.
Pregúntate si el impulso viene de un capricho de la mente o de un deseo desapegado del corazón.
Observa cómo se siente tu instinto: si algo no se siente bien, no avances solo por «pensar en positivo».
Cuando la claridad pida un «no», dilo, aunque tu costumbre sea decir «sí» para agradar.
Recuerda que la compasión no busca agradar, busca servir al bien mayor: elige siempre el mayor amor.
Discernir significa escuchar a una voz más profunda que la voz de la mente o de la razón.
FAQ
Para Isha Judd, el pensamiento positivo proviene del intelecto, y la percepción del intelecto es limitada. Puede usarse para llegar a extremos que no son beneficiosos: te lleva a preocuparte demasiado por lo externo y sus resultados tienden a medirse en un nivel superficial, el de lo material. No sirve entregarse a la negatividad, pero tampoco mirar todo a través de cristales color de rosa. Lo importante es ver las cosas como son, libre del bagaje emocional.
Para profundizar

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