Creando un Mundo ConscienteLa Magia de Aprender de los Errores: Un Camino Hacia la Evolución Personal
Isha Judd

Si aprendes a ver tus pensamientos como un sonido pasajero, en vez de dejar que te envuelvan, empiezan a perder poder sobre ti.
Hace poco, durante un retiro en México, caminaba por calles empedradas admirando la bahía cuando una bandada de pájaros empezó a cantar en los árboles, sobre mi cabeza. Me sorprendió reconocer de inmediato cuánto se parece ese sonido al parloteo de la mente.
No puedes apagar ese ruido a la fuerza, igual que no puedes callar a los pájaros. Pero sí puedes aprender a escucharlo desde otro lugar. Si ves tus pensamientos como un sonido que pasa, en vez de dejar que te envuelvan, empiezan a perder poder sobre ti.
Busca un lugar en la naturaleza donde sus sonidos, el susurro del viento en los árboles, el murmullo de un arroyo, el canto de los grillos o el trinar de los pájaros, puedan servirte como un ruido de la mente. Concentra tu atención en esos sonidos, sin forzarte.
Cuando te descubras aferrándote casi sin darte cuenta a un pensamiento, vuelve gentilmente tu atención al sonido. Así aprendes a escuchar desde un espacio interior y a distanciarte de tus propios pensamientos.
Si aprendes a ver tus pensamientos como un sonido pasajero, dejan de tener tanto poder. Se hace más fácil soltar los patrones repetitivos y autodestructivos, y dejar de torturarte con la crítica y el juicio de tu propia mente.
No se trata de pelear con lo que piensas ni de vaciar la cabeza. Se trata de correrte un paso y mirar: eres quien observa el ruido, no el ruido.
Señales de que la mente te está gobernando
Te descubres aferrado a un mismo pensamiento, dándole vueltas sin poder soltarlo.
La crítica y el juicio hacia ti mismo funcionan casi en automático.
En una discusión sientes la urgencia de defenderte, atacar o justificarte.
Reaccionas a lo que alguien dice antes de terminar de escucharlo.
Confundes el ruido de fondo de la mente con quién eres en realidad.
Un caso para reconocerte
Estás discutiendo y, en el calor del momento, cada uno defiende su postura como si fuera la única verdad. Haces una pausa, llevas la atención hacia adentro y solo escuchas lo que el otro tiene para decir.
A veces descubres que ambos defendían el mismo punto sin darse cuenta. Otras, que ni siquiera importa quién tiene la razón: la disputa era una pequeñez en la que no valía la pena gastar energía.
La práctica: atestiguar el ruido de la mente
Busca un lugar en la naturaleza con un sonido constante de fondo: viento, agua, grillos o pájaros.
Concentra tu atención en ese sonido, sin esfuerzo ni tensión. Deja que ocupe el primer plano.
Cuando notes que te enganchaste con un pensamiento, vuelve con suavidad la atención al sonido. No lo pelees, solo regresa.
Observa cómo tus pensamientos pasan, igual que el canto de los pájaros. No tienes que hacer nada con ellos.
Lleva esa misma escucha a tu próxima conversación: escucha al otro y, al mismo tiempo, escúchate a ti.
No eres el ruido de tu mente: eres quien lo escucha.
FAQ
Porque te identificas con el pensamiento: crees que eres tu mente. Pero la mente produce pensamientos igual que el oído capta sonidos, es su función, y aparecen decenas de miles por día. El problema no es que pienses, sino que te enganchas con cada pensamiento y lo sigues. Cuando aprendes a observarlos en vez de creerles, el ruido sigue estando, pero deja de arrastrarte.
Para profundizar

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