Unificación Isha Judd
Haces algo bien y solo ves lo que le falta. No es que seas exigente con lo que haces: es que la vara se mueve cada vez que la alcanzas.
Mente · 6 min de lectura

Por qué nada de lo que haces te parece suficiente

Haces algo bien y solo ves lo que le falta. No es que seas exigente con lo que haces: es que la vara se mueve cada vez que la alcanzas.

Isha Judd

Terminas algo, sale bien, y en lugar de alivio aparece la lista de lo que le faltaba. Eso no pasa porque tengas mal criterio. Pasa porque la vara no está puesta en el trabajo: está puesta en ti, y se mueve cada vez que llegas.

Isha lo dice sin rodeos: «La mente exigente está entrenada para sufrir, porque siempre hay más». Entrenada es la palabra importante. No es un rasgo tuyo de nacimiento, es una manera de mirar que se aprendió, y que por eso mismo puede cambiar.

La exigencia no mejora el resultado: te saca del resultado

Se suele creer que la exigencia es el motor de la calidad, y que aflojarla es conformarse. Isha lo mira al revés: «Cuando eres exigente, nada es suficientemente bueno nunca, porque no estás disfrutando lo que haces». La atención está puesta en la falla posible, no en lo que estás haciendo, así que la exigencia no te acerca al trabajo: te aleja de él.

Ella cuenta que vivió mucho tiempo dentro de esa creencia: «Yo solía pensar que el éxito era sinónimo de estrés: trabajar, trabajar, trabajar». Y describe adónde llevaba: «Podía ver que en el momento que yo lograba lo que quería, tenía que lograr algo más». Ese es el mecanismo completo. La meta no falla nunca, se cumple. Lo que falla es que llegar no alcanza, porque el problema nunca estuvo en la meta.

Debajo de la vara hay una frase, y no es sobre tu trabajo

Isha nombra lo que sostiene todo esto: «Nuestra adicción más grande es confirmar: no soy suficientemente bueno. No merezco, soy una víctima». Cada entrega revisada catorce veces sirve para juntar una prueba más de esa frase, y por eso el trabajo bien hecho no la desactiva. Ninguna cantidad de logros alcanza para desmentir algo que se está confirmando en cada intento.

Y esa frase tampoco es tuya de origen. «Se nos ha dicho que hay algo malo con nosotros, y nos lo creímos», dice Isha. Su propuesta no es bajar la calidad ni dejar de importarte lo que haces. Es cambiar el lugar desde el que miras: «Pasamos tanto tiempo preocupándonos sobre el ser suficientemente buenos, y solo tenemos que ser amorosos». Descansar de ti misma no es entregar menos. Es dejar de usar cada entrega como examen.

Señales de que la vara se mueve sola

  • Cuando te felicitan, tu primera reacción es explicar lo que le faltó.

  • Revisas algo terminado muchas veces más de las necesarias, y aun así lo entregas con dudas.

  • El logro dura poco: al día siguiente ya estás mirando el siguiente escalón.

  • Postergas empezar algo hasta tener las condiciones perfectas.

  • Te cuesta descansar sin sentir que estás perdiendo tiempo.

Una escena que quizás reconozcas

Entregas un trabajo, te responden que quedó muy bien, y en lugar de disfrutarlo empiezas a repasar en la cabeza las dos cosas que podrías haber hecho mejor. El comentario bueno pasa de largo, las dos fallas se quedan toda la tarde.

No es humildad ni sentido crítico. Es que el elogio se mide contra una vara que ya se movió. Isha lo señala en una pregunta incómoda: si tus logros definen tu éxito y algo falla, ¿dónde está la dicha? Se fue, desaparece. Si el piso es el resultado, ese piso se mueve todo el tiempo.

La práctica: soltar la vara sin bajar la calidad

  1. 1

    Paras unos minutos y llevas la atención de la cabeza al corazón. Ahí no hay nada que evaluar.

  2. 2

    Cuando termines algo, quizás puedas quedarte un momento antes de pasar a lo siguiente: el descanso está justo en ese hueco que hoy salteas.

  3. 3

    Notas la diferencia entre querer hacerlo bien y necesitar demostrarte algo. La primera empuja, la segunda cansa.

  4. 4

    Cuando alguien te reconozca algo, puedes recibirlo sin agregar la aclaración de lo que faltó.

  5. 5

    Entregas algo sin que esté perfecto, a propósito, y observas qué pasa después. Casi siempre pasa menos de lo que la mente anticipaba.

Si tú estás dando lo mejor de ti, siempre es hermoso, porque te vas a sentir bien contigo.

Isha Judd

FAQ

Preguntas frecuentes

  • Porque la vara no está puesta en el trabajo sino en ti, y se mueve cada vez que llegas. Por eso el logro no descansa: apenas se cumple, aparece el siguiente escalón. Isha lo describe desde su propia experiencia, contando que en el momento en que conseguía lo que quería ya tenía que conseguir algo más. Debajo suele haber una frase muy vieja, la de no ser suficientemente buena, y cada entrega termina funcionando como una prueba para confirmarla o para discutirla. Así ningún resultado alcanza, porque el problema no estaba en el resultado. Cuando eso se ve, deja de ser un defecto de carácter y pasa a ser algo que se puede mirar.

#autoexigencia#perfeccionismo#mente#logros#amor-propio

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