Todo lo que nos ha sucedido en el pasado se encuentra en una mochila que cargamos, y esa mochila siempre nos pesa, nos tira para abajo. Tenemos que soltarla. ¿Cómo hacemos eso? Sintiendo, moviendo las emociones y retornando al momento presente, hasta que el momento presente esté tan lleno de amor y tan silencioso, que podamos vivir ahí y podamos dejar de perseguir la felicidad en un momento futuro, porque nos transformamos en la felicidad, nos transformamos en la dicha, y luego la llevamos al futuro.

Los seres humanos siempre estamos persiguiendo ilusiones, porque se nos ha enseñado eso: “cuando consiga un novio…”, “cuando me gradúe…”, “cuando me case y tenga hijos…”. Todos estos planes son para yo ser feliz en un momento futuro. ¡Pero cuando lo logro siempre hay algo que está mal, algo que me hace sufrir, algo que me impide ser permanentemente feliz!

Porque la felicidad y la dicha son en este momento, y viven envueltas en una manta de apreciación, de gratitud y de amor. Cuando estamos presentes en este momento comenzamos a percibir de manera diferente, comenzamos a apreciar lo que tenemos en lugar de estar buscando lo que está mal o pensando que la felicidad está en el futuro. Ésa es la receta.

Yo siempre lograba lo que quería porque no paraba hasta conseguirlo, no me importaba lo que tuviera que hacer, ni cuándo, yo seguía, seguía, y lo lograba. Venía lo siguiente, lo mismo. Siguiente… lo mismo. Pero no era feliz, porque no era en realidad lo que yo quería. Yo creía que era eso, pero en realidad lo que yo quería era sentir amor, sentirme amada, sentirme suficientemente buena, sentirme exitosa, ser la mejor, así podía demostrar que valía algo.

Después, cuando comencé a ir profundo y a amarme, todo eso se me dio, pero era una experiencia interna de dicha. Y eso me permitió no apegarme a lo que yo quería, porque me hacía sufrir. Una vez que encontré esta plenitud interna aprendí a confiar, a fluir, porque el Universo siempre me quería dar cosas, pero como yo estaba tan testarudamente buscando, no lo podía ver. Cuando me entregué, me rendí y fluí, todo comenzó a ir más rápido y fue hermoso, comencé a crear incluso cosas mejores, y sin sufrimiento.

Se trata entonces de la capacidad de soltar la obsesión y tener un foco más elevado aún, y eso es interno, y no hay sufrimiento ahí. Y no quiere decir que no vas a lograr lo que quieres, pero tienes que tener primero algo más importante y después vas a poder llevar eso a todo lo que hagas. Esa es la clave de toda la felicidad, porque yo conozco muchísima gente muy exitosa pero que no es feliz, simplemente es exitosa.

Aquello que no cambia es el amor interno y tenemos que cultivarlo. Dentro de nosotros está este lugar de amor incondicional, esta energía que es permanente, que es segura, que es un ancla dentro de la tormenta. Porque la vida va cambiando todo el tiempo y esa es justamente la belleza de la vida. Pero si tenemos este constante ancla, entonces tenemos seguridad, tenemos el amor incondicional y esa conexión que es extremadamente poderosa, y nos sentimos seguros. Y no es que no tengamos seguridad en lo externo, pero la seguridad absoluta, es interna.

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La felicidad y la dicha son en este momento
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Todo lo que nos ha sucedido en el pasado se encuentra en una mochila que cargamos, y esa mochila siempre nos pesa, nos tira para abajo.
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Isha Judd
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