Unificación Isha Judd
No es falta de tiempo. Es que aprendiste a sacar tu valor de lo que das, y en esa cuenta tu nombre nunca entra. Lo que crece ahí después tiene otro nombre.
Amor Incondicional · 6 min de lectura

Por qué siempre quedas última en tu propia lista

No es falta de tiempo. Es que aprendiste a sacar tu valor de lo que das, y en esa cuenta tu nombre nunca entra. Lo que crece ahí después tiene otro nombre.

Isha Judd

Te dejas para el final aunque tengas el rato disponible, y esa es la parte que no cierra. Si fuera falta de tiempo, un día tranquilo alcanzaría para resolverlo. Pero llega el día tranquilo y lo usas para adelantar algo de otro. El problema no está en la agenda: está en de dónde estás sacando tu valor.

Isha lo dice en una frase que incomoda un poco: «Nos sentimos seguros en lo que hacemos, no en lo que somos». Si tu lugar en el mundo se sostiene sobre lo que resuelves para los demás, parar no se siente como descanso. Se siente como perder el terreno que te costó ganar.

Posponerte no es desorganización: es dónde aprendiste a valer

Dar es lo más fácil que hay cuando siempre funcionó. «Es fácil dar, es fácil salvar a otra gente», dice Isha, y lo dice de ella misma antes que de nadie: «Yo era una mujer poderosa y exitosa, pero seguía teniendo esos comportamientos, poniendo a todos primero antes que mí». Cuenta incluso hacia dónde la llevaba eso: «Cuidando a mis amigos en vez de cuidarme a mí, eligiendo parejas que tenía yo que salvar, que no agregaban absolutamente nada a mi vida».

Por eso no alcanza con proponerse tener más disciplina. Mientras el valor venga de lo que resuelves, cada rato que te tomes va a competir contra la única fuente de seguridad que conoces. Isha señala dónde está la salida: «Tienes que encontrar un lugar interno que se transforme en algo tan importante para ti, que no vas a abandonarte ya». No es un rato en la agenda. Es un lugar propio que deja de ser negociable.

Lo que crece cuando te abandonas tiene nombre: resentimiento

Hay una consecuencia que casi nadie anticipa y que aparece siempre. «Si tú te abandonas a ti misma, te vas a resentir», dice Isha. No te resientes con la vida en general: te resientes con las personas concretas por las que te postergaste, que suelen ser las que más quieres. Y encima llega la culpa por estar sintiendo eso, así que tampoco se puede nombrar.

Cuando das desde ahí, además, dejas afuera la otra mitad del vínculo. Isha lo cuenta desde el lugar de quien no sabía recibir: «Les estoy robando la oportunidad de amarme. Les estoy robando la oportunidad de darme. Y eso es dar también. El recibir es dar». Reservarte un rato no le quita nada a nadie. Lo que sí le quita algo a todos es que quien reparte esté vacía y ya empezando a llevar la cuenta.

Señales de que te dejaste para el final

  • Sabes de memoria qué necesita cada uno en tu casa y dudas cuando te preguntan qué quieres tú.

  • Cuando por fin tienes un rato libre, lo usas para adelantar algo de otra persona.

  • Postergas turnos médicos, estudios o cosas simples de tu salud.

  • Te incomoda que te cuiden y devuelves el gesto enseguida, para no quedar en deuda.

  • Aparecen enojos desproporcionados por cosas chicas, y después te sientes mal por haberlos tenido.

Una escena que quizás reconozcas

Se cae un plan y te queda la tarde libre. Piensas en usarla para algo tuyo y en menos de cinco minutos ya estás resolviendo un trámite que no era urgente, contestando mensajes o cocinando para adelantar la semana. Cuando te das cuenta, la tarde se fue.

No fue falta de tiempo ni distracción. Fue que hacer algo por otro se siente productivo y hacer algo por ti se siente injustificado. Esa es la parte que se puede mirar, y es la que de verdad decide cómo usas cada rato que aparece.

La práctica: que tu nombre vuelva a la lista

  1. 1

    Paras unos minutos aunque el día siga. Unos minutos alcanzan, sin postura particular y sin necesidad de que la casa esté en silencio.

  2. 2

    Llevas la atención de la cabeza al corazón, que es el lugar propio que no depende de lo que resolviste hoy.

  3. 3

    Cuando aparezca la culpa, quizás puedas quedarte igual: la culpa suele avisar que estás cambiando una costumbre, no que estés haciendo algo mal.

  4. 4

    Eliges un momento fijo y chico, y lo sostienes. Lo que cambia no es cuánto rato sea, es que exista.

  5. 5

    Cuando alguien te ofrezca algo, puedes decir que sí sin devolver el gesto en el acto. Recibir también es una forma de dar.

Todo ese amor que di me lo voy a dar a mí.

Isha Judd

FAQ

Preguntas frecuentes

  • Porque lo que decide no es la agenda, es de dónde sacas tu valor. Si aprendiste que vales por lo que resuelves, cada rato para ti compite contra tu única fuente de seguridad, y por eso pierde siempre. Isha lo resume así: «Nos sentimos seguros en lo que hacemos, no en lo que somos». Ahí se explica algo que de otra forma no cierra: aparece una tarde libre y en cinco minutos ya la estás usando para algo de otra persona. No es distracción ni desorganización. Es que hacer por otro se siente justificado y hacer por ti no. Mientras eso no cambie, sumar tiempo libre no alcanza.

#autocuidado#amor-propio#culpa#resentimiento#amor-incondicional

Para profundizar

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