Unificación Isha Judd
La soledad no mide cuántas personas hay cerca. Mide cuánto de ti llega a esa mesa. Por eso una casa llena puede dejarte igual de sola que una vacía.
Amor Incondicional · 6 min de lectura

Por qué te sientes sola aunque estés rodeada de gente

La soledad no mide cuántas personas hay cerca. Mide cuánto de ti llega a esa mesa. Por eso una casa llena puede dejarte igual de sola que una vacía.

Isha Judd

Puedes estar en una mesa llena, hablando y riéndote, y sentir que nada de eso te llega adentro. Eso pasa porque la compañía y la conexión no son lo mismo, y solo una de las dos se ve desde afuera. La gente cuenta. La conexión no aparece en la foto.

Y la conexión empieza en un lugar que suele estar desatendido, que es el que tienes contigo. Cuando el día entero se va en atender lo que necesitan los demás, en cómo te ven y en qué deberías decir, casi no queda un momento en que estés contigo. Ahí las personas pueden estar muy cerca y aun así no alcanzar.

La soledad no mide cuánta gente hay cerca: mide cuánto de ti llega

Hay una razón concreta por la que una reunión puede dejarte más sola de lo que llegaste, y es incómoda de mirar. «Modificamos y cambiamos y escondemos y fingimos y mentimos para poder sentirnos amados», dice Isha. Si a la mesa llega una versión editada tuya, lo que reciba cariño va a ser esa versión, y por eso no te llega: no era para ti.

Debajo hay algo más, que es lo que hace que ninguna cantidad de gente alcance. «Cuando nos sentimos vacíos, nada es nunca suficiente: estamos siempre persiguiendo más y más y más y más y más, porque estamos intentando llenar ese vacío», señala Isha. Y en otra charla lo dice todavía más corto: «Es como siempre estamos reclamando a lo externo pidiendo amor. ¿Por qué? Porque no lo tenemos dentro». Ese vacío no se llena con más personas alrededor porque no se abrió ahí.

El miedo a quedarte sola es el que más termina aislándote

Se nos enseñó una idea que trabaja en contra: «Se nos ha entrenado a decir que tenemos que encontrar la otra mitad». Si crees que te falta una mitad, cada vínculo llega con una tarea imposible encima, y ninguno la cumple. Isha lo corrige con una frase simple: «Mi felicidad no puede estar dependiendo de otra persona».

Y hay un círculo que se cierra solo. Por miedo a quedarte sin nadie sostienes vínculos que ya no te hacen bien: «Siempre vamos a tener excusas y razones para continuar con la misma situación, porque tenemos miedo de estar solos». A la vez, ese mismo miedo te hace mostrarte menos, pedir menos, exponerte menos. «Tú estás creando a lo que tienes miedo, porque te aislas. Eso es lo que crea el rechazo: el aislamiento», dice Isha. El miedo a la soledad termina fabricando soledad.

Señales de que la soledad no es por falta de gente

  • Sales de una reunión con la sensación de no haber dicho nada tuyo.

  • Sostienes vínculos que ya no te hacen bien por no quedarte sin nadie.

  • Revisas el teléfono buscando algo, sin saber bien qué.

  • Te muestras de la manera que crees que va a gustar, y después no reconoces del todo esa versión.

  • Piensas que la falta se va a resolver el día que aparezca alguien.

Una escena que quizás reconozcas

Domingo en familia, la casa llena, todos hablando. Preguntas, escuchas, sirves, respondes con la respuesta corta cuando te preguntan cómo estás. Te vas contenta y a las dos cuadras aparece un vacío que no tiene nombre, y que parece injusto después de una tarde así.

No es desagradecimiento. Es que estuviste toda la tarde atendiendo y nunca llegaste a estar. Nadie puede encontrarse con alguien que no apareció. El domingo no falló: faltaste tú en el domingo.

La práctica: volver a habitar tu propia compañía

  1. 1

    Paras unos minutos y vuelves a ti. No necesitas una postura especial ni silencio alrededor.

  2. 2

    Llevas la atención de la cabeza al corazón, que es esa profundidad tuya que no depende de quién esté al lado.

  3. 3

    Cuando aparezca el impulso de llenar el silencio, quizás puedas quedarte un rato más. Isha señala que hay una profundidad que solo se experimenta en silencio.

  4. 4

    En la próxima conversación, puedes decir una cosa tuya de verdad, aunque sea chica. Lo que se recibe es lo que se muestra.

  5. 5

    Si notas que sostienes un vínculo por miedo a quedarte sin nadie, míralo sin decidir nada todavía. Verlo ya cambia el lugar desde el que eliges.

Jamás puedes ser abandonado, a menos que te estés abandonando a ti.

Isha Judd

FAQ

Preguntas frecuentes

  • Porque la pareja resuelve la compañía y no necesariamente la conexión, y lo que falta suele ser lo segundo. Puedes compartir la casa, la rutina y la cama, y aun así no estar mostrando lo que de verdad te pasa, por costumbre o por miedo a incomodar. Isha describe ese mecanismo sin adornarlo: escondemos y fingimos para sentirnos amados. Cuando eso pasa, el cariño que llega es para la versión que mostraste, no para ti, y por eso no alcanza. Hay otra parte, además: si esperas que la otra persona complete algo que sientes vacío, ninguna va a poder. Ese lugar se vuelve a habitar desde adentro, y desde ahí el vínculo empieza a llegar distinto.

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Para profundizar

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