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Celebrar la vida de aquellos que hemos perdido

By 15 Julio, 2015Artículos

A pocos días de cumplirse el décimo aniversario del perturbador ataque del 11 de septiembre, un avión se estrella sobre la costa de Chile estremeciendo al país, y aquí en Uruguay rememoramos la pena y el dolor de la pérdida. Nos recuerda la imprevisibilidad de la vida, cómo nos sorprende diariamente de alguna manera, y algunas veces la sorpresa se convierte en shock, con la muerte de un ser amado, una enfermedad repentina o una tragedia que nos mueve a todos.

Nos recuerda que la vida cambia, algunas veces abruptamente, dramáticamente, inesperadamente. Lo que está presente en un momento puede desaparecer el siguiente: no importa el país, no importa la motivación o la causa, la pérdida nos mueve a todos porque lo hemos vivido de una manera o de otra.

Pero así como la vida es impredecible, también es maravillosa. Las oportunidades para compartir amor, descubrir lo mejor de nosotros mismos, dar incondicionalmente y crecer interiormente a cada momento está siempre presente. Esto es lo que no podemos perder de vista, lo que de hecho se está convirtiendo en algo tan importante que no podemos olvidarlo— profundo dentro de nosotros reposa la fortaleza que nos lleva hacia delante, la paz y el amor que nos levanta y nos permite sostener a los que nos rodean.

Su presencia no es un llamado a la acción, sino un llamado a ser, a ser ese estado que irradia amor a todo nuestro alrededor. Cuando estos eventos estremecen nuestro mundo, nos llaman a enfocarnos en lo que es real, aquí y ahora y en todo momento. En tiempos de incertidumbre, cultiva tu seguridad interna— la estabilidad interna que solo puede ser experimentada a través de la expansión de la conciencia al desarrollar una mayor conciencia de uno mismo. Al hacerlo, incrementamos nuestra capacidad para abrazar la vida, dar sin restricciones, compartir abundantemente lo mejor de nosotros mismos.

Esto es lo que podemos hacer con los que ya no están con nosotros: celebrar lo que han dejado atrás, lo que nos han dado — regalos de todo tipo, algunos obvios, otros quizá disfrazados como tiempos difíciles que en ultima instancia nos aportó crecimiento y evolución.

Todos sabemos en nuestros corazones lo que hemos recibido, especialmente si nos hemos conectado con la experiencia interna de amor incondicional, en la cual incluso lo que vemos como “equivocado” se disuelve en esta energía, dejando tras de sí los mejores aspectos de cada situación y una sonrisa en el corazón.

La inestabilidad externa nos recuerda nuestra fragilidad, nuestra mortalidad. Si colocas tu atención dentro, encontrarás que más allá del mundo cambiante, más allá de la pérdida y la ganancia, más allá de nuestras preocupaciones y separaciones podemos encontrar nuevas oportunidades para amar, dar, compartir nuestros corazones, que muy profundo en nosotros grita sí a la vida. Este “sí” nos une a todos, un sí que crece y nos inspira a dar, un sí para hacer más por los demás, para dejar nuestra huella con obras que serán rememoradas, recordándonos que la carrera por acumular lo material nunca fue tan importante como el camino al descubrimiento interior y el dar.

Incluso cuando nos sentimos perdidos, confundidos, desorientados o desolados, todos podemos traer nuestra atención a nuestros corazones. Siéntelo latir, siente su tibieza — en su interior puedes descubrir amor-conciencia. Es inagotable, ilimitado. Cuanto más da, más tiene para compartir. Este es el momento. Este es el abrazo compartido.

Toda familia tiene sus pérdidas y dificultades, todo barrio, toda población y todo país. Así que cuando un evento trágico retuerce el corazón de una nación, es más importante que nunca que nos unamos, sosteniendo los mejores aspectos de cada uno.

Es el momento de transformarnos a través de las acciones del amor. La pérdida de vidas inocentes, cerca o lejos, puede inspirar a miles incluso a millones a hacer más, a dar entre las comunidades, a sostener a los que quedaron atrás, tal vez ayudando a limpiar el barrio o cocinando sopa caliente para los se quedaron sin hogar.

Crezcamos de nuestras pérdidas y aprendamos a unirnos en un abrazo compartido. Aprendamos a danzar juntos en la dicha y la pena, en medio de las dificultades, enfrentando lo que la vida nos trae, buscando lo mejor de cada situación, agradeciendo y amando, creciendo y dando en unidad.

“Celebrar la vida de aquellos que hemos perdido” Emol.com – Chile, Septiembre 2011

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