La MuerteEscucharte a ti mismo
Isha Judd

Puedes tenerlo todo y aún así no ser feliz. El cambio que la humanidad necesita es tan simple como abrazar nuestros corazones.
Nos aferramos a nuestras ideas y a nuestros sueños, pero tarde o temprano vemos que tiene que haber algo más, porque podemos tener todo en la vida y aun así no ser felices. Ahí surge la pregunta: ¿y qué podemos hacer? Empezamos a darnos cuenta de que el éxito y la felicidad no vienen de acumular.
Hay algo más, y se trata de «dar» y de «ser», de experimentar la vida en lugar de coleccionarla. Ese descubrimiento no llega de un libro: llega cuando la vida nos sacude y nos obliga a mirar hacia adentro, hacia lo que de verdad sostiene.
Desde niña tuve un profundo entendimiento del amor incondicional. Cuestionaba todo, porque podía ver la incoherencia de las cosas, algo muy extraño sucediendo a mi alrededor. Y aunque venía de una familia increíble y muy evolucionada, sentía la necesidad de un entendimiento más profundo. Sin embargo, en algún momento solté esa búsqueda (ni siquiera sabía lo que era la espiritualidad) y me volqué por completo a ser una yuppie, a triunfar en todo.
Hasta que un día perdí todo lo que tenía. Absolutamente todo. Y con esa pérdida la pregunta volvió: ¿por qué estoy haciendo esto?, ¿por qué me quitaron todo?, ¿por qué murieron mis seres queridos? El dolor era muy intenso, y creo que fue justo ahí, en ese sufrimiento, que empecé a buscar de nuevo algo más profundo, algo permanente que pudiera sostenerme, porque me di cuenta de que todo lo externo era frágil.
Sé que yo estaba muy cerrada como ser humano. Siempre fui fuerte y consistente, pero cargaba con todo reprimido: las muertes a mi alrededor, las experiencias traumáticas, incluso mi adopción. Todo muy guardado, hasta que llegué a sentirme agobiada por el estrés. Ese peso no se sostiene para siempre.
Es muy importante que las personas se conecten y dejen salir sus emociones reprimidas. Una vez que las dejas ir, empiezas a vaciarte y a vibrar en una frecuencia diferente. No se trata de controlar lo que sientes, sino de darle salida a lo que llevas años conteniendo.
Señales de que cargas una mochila de miedo
Tienes todo lo que creías querer y, aun así, sientes que te falta algo.
Persigues una experiencia tras otra esperando que por fin te traigan la felicidad.
Crees que «esto» o «esto otro» te hará sentir amado o exitoso, y nunca alcanza.
Reprimes tus emociones hasta sentirte agobiado por el estrés.
Vives en la mente, juzgándote y siendo violento contigo, con el corazón cerrado.
Un caso para reconocerte
Viví experiencias, una tras otra, y se suponía que me traerían la felicidad. Tal experiencia me tenía que volver exitosa; esta otra me tenía que hacer sentir amada. Y lo hice, hice todo, pero seguía faltándome algo. La mochila del miedo, en lugar de elevarme, me derribaba.
Entonces entendí que tenía que quitarme la mochila, porque con ella no podía volar. Si no puedes abrir tus alas, no puedes volar, y no puedes abrirlas mientras sigas aferrado a tu carga. Al soltarla, empiezas a ver el amor y a experimentarlo: está en todo, es liberador, fluye, acepta y abraza.
La práctica: soltar la mochila y abrir el corazón
Reconoce el peso: observa esa idea de que algo externo te dará la felicidad y nota cómo te derriba en vez de elevarte.
Conéctate con lo que reprimes y date permiso de dejar salir las emociones guardadas, sin juzgarlas.
Suelta la mochila: deja de aferrarte a lo que crees que te hace valioso, para poder abrir tus alas.
Vuelve al corazón: pasa de juzgarte en la mente a abrazar cada aspecto de ti mismo.
Di «sí» a la vida: deja que el amor fluya, acepte y abrace, y sé ese gran sí a lo que eres.
Es un cambio tan simple para la humanidad, el abrazar nuestros corazones. Es el cambio que estamos necesitando.
FAQ
Porque, como explica Isha Judd, el éxito y la felicidad no vienen de acumular. Puedes lograr todo lo que te propusiste y seguir sintiendo que algo te falta, porque persigues ilusiones: la falsa idea de que «esto» o «esto otro» te traerá la felicidad. Ella lo vivió: hizo todo lo que se suponía la volvería exitosa y amada, y aun así le faltaba algo. La verdadera dicha está en dar, en ser y en experimentar la vida.
Para profundizar

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