Un adicto puede ser consciente del daño que causa con su hábito tanto a él como a sus seres queridos, sin embargo sigue eligiendo el mismo comportamiento destructivo. ¿Por qué? Porque de manera inconsciente siente que no merece nada mejor, y ahí está la adicción más profunda: al sufrimiento y a la culpa, una carga emocional que es más fuerte que el pensamiento racional. Intelectualmente puede recordar sus responsabilidades y lo mal que se siente al día siguiente, pero la necesidad de sufrir y auto destruirse es tan fuerte, que a menudo esta última gana.

Pero el amor-conciencia es más poderoso que nuestras programaciones inconscientes. Al elevar la vibración del amor, alimentando esa experiencia, la luz de nuestra conciencia comienza a brillar y las sombras de nuestras obsesiones, miedos y apegos empiezan a desvanecerse. Seguimos elevando nuestra conciencia, poco a poco, hasta que la vibración es más fuerte que la programación y ya no sentimos que nos falta nada. Entonces la situación se invierte. El intelecto ya no está en control: se convierte en un sirviente de la conciencia, una herramienta que el amor-conciencia puede utilizar para interactuar con el mundo.

Cuando veas que estás obsesionado con un deseo, algo sin lo cual sientes que estás incompleto, detente un momento. Cierra los ojos y lleva tu atención hacia adentro. Pregúntate a ti mismo: “¿qué me falta en este momento?” Trae tu conciencia totalmente al presente, experimentando este momento y las sensaciones vienen, en toda su intensidad.

Ve más profundo, por debajo de los pensamientos y las sensaciones: ¿que hay allí? Es posible que al principio no lo sientas, pero a medida que te vayas acostumbrando a llevar tu conciencia más allá del nivel superficial de la percepción, descubrirás la plenitud gozosa del ser que está siempre presente, siempre pleno.

La experiencia del amor-conciencia es tan profunda y satisfactoria que de pronto nos volvemos adictos a eso, porque nos damos cuenta que es lo único que nos puede completar. Esta es la mejor adicción que podemos tener, porque va con nosotros dondequiera que vayamos y nunca se termina.

No hay nada malo con el deseo, el truco está en desear sin apego. Lo que de verdad importa es que estés presente y dispuesto a dejar ir el apego a cómo quieres que las cosas sean. Si te enfocas en ser en vez de tener, en experimentar este momento al máximo en lugar de enfocarte en el objeto de tu deseo, verás que todo viene hacia ti. Viene de por sí.

El mundo en que vivimos existe para que nosotros lo amemos. Está diseñado para que podamos vivirlo al máximo, en nuestra propia expresión única y perfecta. Celebremos la vida, explorando nuestros sueños y aspiraciones, creando un espacio de estabilidad y aceptación de nosotros mismos desde el cual podamos ver la magia de la existencia desarrollándose.

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¿Qué me falta en este momento?
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¿Qué me falta en este momento?
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Un adicto puede ser consciente del daño que causa con su hábito tanto a él como a sus seres queridos, sin embargo sigue eligiendo el mismo comportamiento destructivo
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Isha Judd
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