ConcienciaEl verdadero significado del amor a uno mismo: Descubre cómo practicarlo diariamente
Isha Judd

El ego no es soberbia: es una máscara que nace de creer que hay algo malo en ti. No se combate con análisis, se disuelve cuando vuelves a tu corazón.
El amor-conciencia es nuestro ser; el ego, en cambio, es un personaje artificial. Es la fachada frágil que cubre nuestra verdadera esencia, esa belleza única que somos. Solemos asociar el ego con la soberbia y la presunción, pero en el fondo nace de algo muy distinto: de la idea errónea de que hay algo malo con nosotros.
El ego abarca el conjunto de máscaras que usamos para protegernos, en un mundo donde creemos que ser auténticos no nos da seguridad. Proviene de sentimientos de inseguridad, insuficiencia e insignificancia, y proyecta una supuesta grandiosidad con tal de mantener ocultos nuestros defectos.
El ego no es inherentemente malo. Lo necesitamos para poder funcionar mientras maduramos, hasta encontrar nuestra verdadera esencia. Es una herramienta de esa etapa, no un enemigo a destruir.
Cuando nos unificamos con nuestro verdadero Ser y encarnamos el amor-conciencia, nuestro brillo se vuelve demasiado intenso como para que el ego lo eclipse. Entonces el ego se disuelve de forma natural, tal como los zorros mudan su grueso pelaje cuando las heladas del invierno dan paso a la primavera. La comprensión intelectual aporta poco a este proceso: intentar aplacar al ego a través del análisis es como un perro que persigue su propia cola.
Al atestiguar durante tus actividades diarias, tu capacidad de discernir entre el ego y el amor-conciencia crece de forma natural: la cabeza o el corazón, la ilusión o la realidad, el temor o el amor. Al ser testigo de tu mente cultivas una conciencia mayor que te permite desapegarte del ego y liberarte del miedo, la duda y la crítica destructiva.
Hay una señal muy clara. La duda nunca proviene de tu corazón. La claridad sí: llega de pronto, en una ráfaga de conciencia, y viene con alegría, con amor, con poder. Así es la voz del corazón.
Señales de que quien habla es tu ego
Una voz interior te dice «no te mereces lo mejor» o te minimiza de cualquier otra forma.
Sientes que ese pensamiento te baja al suelo, pesado como un pedazo de plomo, en vez de darte impulso.
Proyectas una grandiosidad que no sientes, para que nadie note lo que crees que está mal en ti.
Intentas silenciar tu inseguridad analizándola una y otra vez, sin que nada cambie.
Dudas de tus propias revelaciones y te preguntas si vinieron de la mente o del corazón.
Un caso para reconocerte
Tienes una revelación y enseguida aparece la pregunta: «¿esto vino de mi mente o de mi corazón?». Esa duda ya es la respuesta, porque la duda nunca nace en el corazón. Cuando algo viene del corazón, no lo dudas: lo sientes optimista, ligero, lleno de vida.
Fíjate en cómo se siente cada voz en tu cuerpo. La del amor-conciencia te eleva; la del ego te deja postrado. Su forma más extrema es la depresión, que en lo más hondo te deja sin poder levantarte de la cama. Por eso conviene aprender a reconocer, físicamente, cuál de las dos te está hablando.
La práctica: abrazar el ego en vez de pelearlo
Durante el día, atestíguate: observa tus pensamientos como testigo, sin subirte a cada uno.
Cuando aparezca un pensamiento, pregúntate si te eleva o si te baja como plomo. Eso te dice si viene del corazón o del ego.
Ante una voz que te minimiza, no la ignores ni pelees con ella: abrázala con amor. Así le quitas poder al ego, sin combatirlo.
Confía en la claridad que llega de golpe, con alegría, y desconfía de la que llega envuelta en duda.
Elige, entre lo que sirve y lo que no, lo que nace de la celebración de la vida y no del círculo de la autocrítica.
Es fácil conocer a tu corazón: es alegre. Escúchalo y da desde ahí.
FAQ
Para Isha Judd, el ego es un personaje artificial: la fachada frágil que cubre nuestra verdadera esencia. Solemos asociarlo con la soberbia, pero en realidad nace de la idea errónea de que hay algo malo en nosotros. Es el conjunto de máscaras que usamos para protegernos cuando creemos que ser auténticos no es seguro. Proviene de la inseguridad y la insuficiencia, y proyecta grandiosidad para ocultar lo que creemos que está mal.
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