Las EmocionesPor qué la culpa no repara nada
Isha Judd

Además de lo que estás viviendo hay una segunda carga, y no viene de afuera. Esa es la que se puede aflojar hoy, aunque la primera todavía no.
Cuando estás atravesando algo duro, lo que pesa no es una sola cosa: son dos. Está lo que pasó, que es real y no se arregla con una idea. Y está lo que la mente construye encima, que se siente igual de pesado y no viene de afuera. La segunda capa se puede aflojar hoy, aunque la primera todavía no.
Nadie elige pasar por esto y no hay ninguna necesidad de encontrarle un para qué ahora mismo. Lo primero no es entenderlo. Lo primero es poder sostener el día.
Isha ubica el origen de esa segunda capa sin rodeos: «La mayor parte del sufrimiento viene del victimismo o de los juicios». No lo dice como reproche. Lo dice para separar dos cosas que se viven juntas: el hecho, que está, y el relato que se arma alrededor, que se suma. Uno de los materiales favoritos de ese relato es el futuro. «Siempre tenemos estos escenarios que son los peores y que ni siquiera son realidades», señala. La mente ensaya la peor versión y el cuerpo la vive como si estuviera pasando.
El otro material es el juicio hacia ti. «Nadie es más violento contigo que tú misma», dice Isha. Aparece en frases que suenan razonables: «tendría que poder», «otros pasaron cosas peores», «ya llevo demasiado tiempo así». Ninguna cambia lo que pasó y todas te cobran algo. Ella propone algo distinto, y es una imagen difícil de discutir: «Imagina que estás enseñando a un niño a caminar y se cae: no le gritas».
Hay un trabajo extra que casi nadie contabiliza y que se hace todos los días: sostener la cara de que todo va bien. Contestar que estás bien, cambiar de tema, medir cuánto contar y a quién. Isha describe el reflejo de fondo: «Cuando sea que nos sentíamos incómodos, o no amados, o estábamos moviendo estrés, nuestra respuesta automática es salir corriendo». Correr también es correr de lo que sientes, y eso consume energía que ya no sobra.
El camino que ella propone va justo en la otra dirección, y es más suave de lo que parece: «Se trata solo de estar presente, siendo más amorosa contigo y no ser violenta contigo misma». Y sobre lo que asoma cuando dejas de tapar, es tranquilizadora: «Cuando aparece el miedo, solo ve a expresarlo, pero nada, nada va a ser demasiado, no te va a desbordar nada». Dejar de pelear con lo que sientes no resuelve la situación. Hace que el día vuelva a ser sostenible, que no es lo mismo que resuelto.
Señales de que estás cargando también la segunda capa
Te agota más explicar cómo estás que estar así.
Te descubres armando el peor escenario posible una y otra vez.
Te enojas contigo por no poder con algo que antes salía solo.
Comparas tu situación con la de otros para decidir si tienes derecho a estar mal.
Duermes mal o duermes de más, y ninguna de las dos cosas descansa.
Una escena que quizás reconozcas
Terminas el día agotada y no puedes decir qué hiciste. Trabajaste, respondiste, resolviste, sostuviste a alguien más. En algún momento alguien preguntó cómo estabas y dijiste que bien, y seguiste. Nada de eso figura como esfuerzo en ningún lado.
El cansancio no viene solo de lo que estás atravesando. Viene también de las diez veces que hoy te corregiste por sentirlo, y de la energía que se fue en que no se notara. Esa parte no la puso la situación. La pusiste tú, sin querer, y es justamente la que puede empezar a aflojar.
La práctica: sostener el día tal como está
Paras un momento, tal como estás. La Unificación no pide que te sientas mejor para empezar, ni postura especial, ni silencio absoluto.
Llevas la atención de la cabeza al corazón. Ahí no hay nada que resolver ni nada que explicar.
Cuando aparezca el juicio, quizás puedas notarlo como lo que es: una carga agregada, no un dato sobre ti.
Si el día alcanza para poco, que sea poco. Un día sin fuerzas también sirve para empezar.
Puedes dejar de disimular con una sola persona de confianza. No hace falta contar todo: alcanza con no decir que estás bien.
A veces lloramos, pero estas cosas no importan. Es parte de ser humano.
FAQ
Porque estar mal se aprendió como algo que hay que resolver rápido, y no como algo que se atraviesa. Entonces al dolor se le suma una tarea: la de dejar de sentirlo cuanto antes. De ahí salen frases que suenan razonables y no lo son, como «ya tendría que estar mejor» o «hay gente que la pasó peor». Isha señala que la mayor parte del sufrimiento viene de los juicios, y esos juicios entran casi siempre por ahí. Vale la pena mirarlos, porque son la parte que sí depende de ti. Lo que estás viviendo puede seguir igual y aun así el día pesar bastante menos cuando dejas de exigirte un plazo.

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