Unificación Isha Judd
Compartes la casa, las comidas y los traslados, y aun así queda la sensación de no haber estado. No falta tiempo con ellos. Falta presencia dentro de ese tiempo.
Los Hijos · 6 min de lectura

Por qué estás todo el día con ellos y aun así no estás

Compartes la casa, las comidas y los traslados, y aun así queda la sensación de no haber estado. No falta tiempo con ellos. Falta presencia dentro de ese tiempo.

Isha Judd

Pasas el día entero con ellos y al final queda la sensación de no haber estado. Eso no se arregla con más horas, porque lo que falta no es tiempo compartido: es presencia dentro de ese tiempo. Se puede estar doce horas en la misma casa y no coincidir en ningún momento.

Isha describe ese estado con una frase que se reconoce enseguida: «Hablando contigo estoy pensando en el almuerzo, o a quién tengo que llamar, o lo que tengo que hacer». La conversación ocurre, el cuerpo está, y la atención está en otro lado. Los chicos notan esa diferencia antes que nadie.

La paciencia no se rompe por ellos: se rompe por dónde estabas

El estallido casi nunca guarda proporción con lo que pasó. Un vaso volcado, una pregunta repetida por cuarta vez, algo que no se encuentra. Lo que reventó no fue eso: fue que ya venías sosteniendo veinte cosas a la vez y la atención estaba repartida en todas. Después llega el arrepentimiento, y con él la culpa, que tampoco ayuda a nadie.

Por eso Isha corre el foco de la técnica de crianza al estado desde el que uno cría: «Si tú estás presente, todo se va a ir presentando, y todo va a cambiar y todo se transforma en algo más fácil». No es una promesa de días sin conflicto. Es otra cosa, más concreta: cuando estás presente, la misma escena pide bastante menos esfuerzo, porque no estás resolviéndola desde el agotamiento de estar en cinco lugares.

Ellos no aprenden lo que les dices: aprenden lo que ven

Hay una parte incómoda y es de las más útiles. «Nosotros enseñamos a los niños miedo», dice Isha, y lo explica: «En realidad los niños no tienen miedo, no nacen con miedo: ellos crean el miedo después». No se enseña con discursos. Se enseña con la manera en que uno reacciona delante de ellos, con lo que le preocupa, con lo que evita.

De ahí sale una conclusión que alivia y compromete a la vez. Alivia porque saca la presión de decir siempre lo correcto: lo que trabaja es el estado, no el guion. Y compromete porque el trabajo empieza en ti antes que en ellos. Isha suma algo que descomprime bastante: «Hay que dejar de preocuparse por lo que otra gente pueda pensar, porque de verdad los niños se definen a sí mismos, no te definen a ti».

Señales de que estás cerca pero no estás

  • Te cuentan algo y a los dos minutos no puedes repetir qué te contaron.

  • Pierdes la paciencia por cosas mínimas y después te arrepientes.

  • Resuelves logística todo el día y no recuerdas un momento de disfrute con ellos.

  • Te descubres respondiendo con el teléfono en la mano.

  • Cuando por fin hay un rato libre, lo usas para adelantar tareas de la casa.

Una escena que quizás reconozcas

Estás en la cocina, ellos hablando alrededor, y tu cabeza está en el correo que no respondiste y en lo que hay que comprar mañana. Contestas «ajá» dos veces. A la tercera te preguntan algo puntual y no sabes de qué están hablando, y ahí aparece un fastidio que no era para ellos.

Nadie hizo nada mal en esa cocina. Simplemente no había nadie del todo presente para recibir lo que estaban contando. Y eso no se compensa con una hora más en la misma habitación, porque la hora que ya estabas tampoco estuvo habitada.

La práctica: aparecer en el rato que ya compartes

  1. 1

    Paras unos minutos antes de la parte más movida del día, y la atención baja de la cabeza al corazón.

  2. 2

    Eliges un momento chico y fijo, como la cena o el camino a la escuela, y durante ese rato solo estás ahí.

  3. 3

    Cuando notes que te fuiste a la lista de pendientes, quizás puedas volver sin reprocharte. Irse es lo normal, volver es la práctica.

  4. 4

    Si vas a perder la paciencia, paras un segundo antes de responder. Ese segundo es casi todo lo que hace falta.

  5. 5

    Cuando reacciones mal, lo reparas en pocas palabras y sigues. La culpa larga no le enseña nada a nadie.

Si tú estás presente, todo se va a ir presentando, y todo va a cambiar y todo se transforma en algo más fácil.

Isha Judd

FAQ

Preguntas frecuentes

  • Porque la paciencia no se gasta con ellos: se gasta antes, sosteniendo todo a la vez con la atención repartida. Cuando llegas a la escena ya vienes en reserva, y entonces algo mínimo alcanza para que estalle. Por eso el estallido nunca guarda proporción con lo que lo disparó, y por eso después queda ese arrepentimiento tan desconcertante. No es una falla de amor ni de carácter. Es una cuenta de energía y de presencia. Isha corre el foco del qué hacer al desde dónde: cuando estás presente, la misma escena pide bastante menos esfuerzo, porque no la estás resolviendo desde el agotamiento.

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Para profundizar

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