Los HijosTransformando la Educación: La Verdad de Ser
Isha Judd

La vida es movimiento, igual que el latido de tu corazón: cuando la línea se hace plana, estás muerto. Aprender a fluir con el cambio es aprender a vivir.
La vida se mueve constantemente, igual que el latido de tu corazón. Piensa en un electrocardiograma: cuando el trazo deja de moverse, cuando la línea sale plana, significa que estás muerto. La vida es movimiento, la vida es cambio.
A menudo imaginamos que la realización espiritual es un estado en el que todo permanecerá inmóvil, pero no es exactamente así. Aunque por dentro llegamos a encontrar una experiencia de lo eterno, de aquello que nunca cambia, nuestro aspecto humano seguirá danzando en movimiento: lo emocional, lo físico y lo mental continuarán fluctuando.
Lo permanente se instala en un nivel mucho más hondo. Desde ahí puedes jugar con los cambios apoyado en un espacio de seguridad interna y de confianza, sin el temor a las pérdidas que el cambio pueda traer, porque tu ser ya no depende de ellas.
La vida te impondrá retos, y de eso se trata: una multitud de experiencias a partir de las cuales evolucionas y vives tu dualidad, tu humanidad y tu creatividad. Los distintos acontecimientos te ayudan a descubrirte una y otra vez. Si todo fuera inmutable, lo mismo daría que fueras un androide.
Conviene soltar las expectativas, porque solo originan desilusión y ponen condiciones a tu felicidad: «si sucede esto, estaré satisfecho; si sucede esto otro, no lo estaré». La humanidad no es buena prediciendo el futuro, y eso se debe a un elemento esencial que hace que la vida sea tan emocionante: la incertidumbre. Quítala y obtendrás monotonía.
Tal vez por eso los niños encuentran tanta maravilla en la vida: no tienen expectativas, todo es una sorpresa. Un rostro nuevo, un lugar nuevo, un juguete nuevo: cada experiencia contiene magia. No limites tu futuro a través de los ojos de tu mente, porque la vida reserva sorpresas mucho más hermosas que cualquier cosa que puedas predecir.
Señales de que estás resistiéndote al cambio
Imaginas que crecer significa llegar a un estado donde ya nada se mueve ni cambia.
Pones condiciones a tu felicidad: solo estarás bien si ocurre exactamente lo que esperas.
Te aferras a tus predicciones sobre cómo deberían salir las cosas.
Sientes temor a las pérdidas y por eso te resistes a que algo se transforme.
Miras el futuro solo con los ojos de la mente y le cierras la puerta a la sorpresa.
Un caso para reconocerte
Cuando Isha Judd empezó a enseñar en Venezuela, necesitaba un centro para recibir a sus estudiantes y entrenar a los maestros. Le recomendaron La Guaira, una hermosa comunidad frente al mar Caribe, cerca de Caracas, y parecía el lugar perfecto. Sin embargo, por más que buscó, no aparecía ningún sitio que cumpliera los requisitos.
A regañadientes buscó más lejos y encontró un apartamento espectacular sobre una saliente rocosa en Puerto La Cruz, con casi 360 grados de vista al mar. Se mudó allí el 14 de diciembre de 1999. Al día siguiente, una catastrófica inundación arrasó La Guaira: un enorme alud de lodo barrió los edificios hacia el mar, miles perdieron la vida y algunas de las propiedades que había considerado quedaron destruidas.
La práctica: fluir y confiar con el cambio
Recuerda que tu parte humana seguirá cambiando: no esperes un estado donde todo quede quieto.
Cuando sientas temor a una pérdida, apóyate en el espacio interno que no depende de lo que pasa afuera.
Suelta la expectativa concreta de cómo deben salir las cosas y observa qué se abre cuando la sueltas.
Recibe lo nuevo con la mirada de un niño: un rostro, un lugar o una situación como una sorpresa, no como una amenaza.
Confía y fluye con el universo, recordando que nunca conoces el panorama completo.
No te aferres a tus expectativas de cómo deben ser las cosas, ya que nunca conocerás el panorama completo.
FAQ
Para Isha Judd, la vida es cambio porque es movimiento constante, igual que el latido del corazón. Usa la imagen del electrocardiograma: mientras el trazo se mueve, hay vida; cuando la línea se hace plana, estás muerto. Incluso en la realización espiritual, aunque por dentro encontramos una experiencia de lo eterno, nuestro aspecto humano sigue fluctuando en lo emocional, lo físico y lo mental. Por eso resistirse al cambio es resistirse a la vida misma.

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