Los HijosTransformando la Educación: La Verdad de Ser
Isha Judd

El mejor regalo que puedes darles a tus hijos no es protegerlos del miedo: es sanarte a ti mismo para que aprendan a amarse sin límites.
Todos los niños, en algún momento de su vida, crean separación de la verdad de quienes son, porque no se puede tener una experiencia humana sin esa separación. A veces llega como consecuencia de un abandono, de un abuso o de un gran miedo, pero conviene saber que esa separación tiene que ser creada. Sucede alrededor de los cuatro años, cuando ya han aprendido muchos comportamientos de su entorno.
Como madres y como padres, muchas veces nos enfocamos en aquello que podría andar mal. Nos apartamos del momento presente y, en lugar de abrazar la pureza y la hermosura de nuestros hijos, nos quedamos atrapados en el miedo: «¿y qué pasaría si…?». Ese hábito nos mantiene fuera del presente, enganchados en el drama, adictos a lo que podría salir mal.
Es tan importante enfocarte en el amor y crear desde ese espacio. El hábito de enfocarnos en el miedo es solo un surco de la mente que nos mantiene enganchados en el drama. Ese es el problema de la humanidad: siempre se enfoca en lo que está mal.
Por eso, regocíjate en la belleza de tus hijos y en su pureza. Aprende de su inocencia y ámala. Deja de proyectar tu propio abandono en ellos y encuentra la plenitud dentro de ti. Cuando creas desde el amor, dejas de transmitirles tu miedo.
El amor tan puro y perfecto es el que todavía experimentan los niños de menos de cuatro años. Por supuesto que puede haber celos y posesión incluso en niños tan pequeños, y eso es natural, es parte de la experiencia humana. Lo maravilloso es que, cuando aún no han creado la separación consigo mismos, no se juzgan: saben que son perfectos.
A medida que crecen, comienzan a imitar los patrones de sus padres, de la sociedad y de los medios de comunicación. Empiezan a descargar su desconfianza y su furia en sus amigos y a proyectar su propio abandono en el afuera. Por eso sería ideal que todos los padres del mundo alcanzaran estados de conciencia muy elevados.
Señales de que te enfocas en el miedo y no en el amor
Te preguntas todo el tiempo «¿y qué pasaría si…?» en lugar de disfrutar el momento presente con tus hijos.
Te apartas de la pureza y la hermosura de ellos para quedarte pendiente de lo que podría andar mal.
Proyectas tu propio abandono en tus hijos, sin encontrar la plenitud dentro de ti.
Buscas protegerlos del miedo, pero no te ocupas de sanar el miedo que vive en ti.
Les transmites límites sin darte cuenta, en vez de sostenerlos en su grandeza.
Un caso para reconocerte
Un niño pequeño siente celos o se pone posesivo, algo natural en su edad. Si todavía no creó la separación consigo mismo, no se juzga por ello: sabe que es perfecto y sigue adelante desde ese amor. Ahí ves, en estado puro, la inocencia de la que puedes aprender.
Con el tiempo, ese mismo niño empieza a imitar lo que ve alrededor y a descargar su desconfianza en los demás. Cuando reconoces ese cambio, entiendes que tu tarea no es corregirlo desde el miedo, sino sanar tu propio abandono para no proyectarlo en él.
La práctica: sanarte para regalarles libertad
Cada vez que aparezca un «¿y qué pasaría si…?», vuelve al momento presente y elige mirar la belleza de tus hijos.
Regocíjate en su pureza y aprende de su inocencia, en lugar de proyectar tu abandono en ellos.
Ocúpate de sanarte a ti mismo: encuentra la plenitud dentro de ti, porque ese es el mejor regalo que puedes darles.
Sostén a tus hijos en su grandeza y aliéntalos a explorar sus habilidades artísticas y creativas.
Enséñales a decir «sí, yo puedo hacer eso», para que nunca se sientan limitados y creen lo que necesitan.
Sanarnos a nosotros mismos es el mejor regalo que podemos brindarle a nuestros hijos.
FAQ
Para Isha Judd, el mejor regalo que puedes darles a tus hijos es sanarte a ti mismo. Sanarnos les permite ver a través de la ilusión y no anclarse en el miedo, experimentar más libertad, más abundancia y, sobre todo, un amor absoluto hacia ellos mismos. En lugar de intentar protegerlos de todo lo que podría salir mal, la clave es encontrar la plenitud dentro de ti y dejar de proyectar tu propio abandono en ellos.

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