La AbundanciaEl Verdadero Arte de Manifestar: Amor Propio y Creación Consciente
Isha Judd

En lo que te enfocas, crece. Si te quejas por lo que falta, la falta crece; si aprecias y das, crece la abundancia. El universo siempre está trayendo todo hacia ti.
Más allá de lo que tengamos en el banco o en el bolsillo, muchas veces predomina una percepción interna que dice: «no hay suficiente», «tengo que cuidar lo que es mío». Esa acción siempre está activada por la protección, y esa protección te hace sentir más pequeño y vuelve limitado lo que puedes hacer.
Guardar y acaparar para protegerte te lleva, paradójicamente, a crear menos. Conviene mirar ese aspecto que tiende a enfocarse en la falta y en la carencia, que no siempre tiene que ver con lo material. Y con esa mirada llega la queja: «no es suficiente el amor que me das», «no hay suficiente dinero», «no hay suficientes oportunidades».
Si te quejas por lo que falta, lo que falta crece, crece y crece. Cuando te enfocas en la carencia, el miedo es tan grande que nunca nada será suficiente, nada llenará ese vacío. ¿Pero qué sucede si aprecias? La energía cambia y va en la otra dirección, y entonces es la abundancia lo que crece.
Observa tus acciones: ¿en qué te estás enfocando, en apreciar o en lo que está mal? ¿En el vaso medio lleno o en el medio vacío? Detrás del «no puedo dar más, se van a aprovechar, no me van a valorar» siempre está hablando el miedo: miedo a que te quiten, a no ser valorado, a no tener. Cada uno puede empezar a eliminar los miedos que obstaculizan el fluir.
Enfoca tus acciones hacia lugares que se abran para dar, y en consecuencia serán abundantes para recibir también. En vez de proteger tus limitaciones, pregúntate: «¿dónde puedo dar más, para así poder ser más yo?». El universo solo quiere darte y siempre está trayendo todo hacia ti. No lo frenes.
Si sientes que no eres abundante, haz de cuenta que sí lo eres y practícalo dando: tu energía, tu tiempo, tu amor. No hace falta ir muy lejos para encontrar dónde dar. Puede ser un momento de atención hacia alguien, sentarte a jugar con tu hijo, un cruce de miradas, una sonrisa. Muy pronto vas a sentir el gozo interno, profundo y silencioso que aparece cuando estás así de abierto.
Señales de que vives desde la carencia
Sientes que «no hay suficiente», sin importar cuánto tengas en realidad.
Acaparas y proteges lo tuyo, y aun así creas y recibes menos.
Te quejas por lo que falta, y lo que falta parece crecer cada vez más.
No das más por miedo a que se aprovechen o a que no te valoren.
Te enfocas en el vaso medio vacío y nada termina de llenarte.
Un caso para reconocerte
Alguien que se repite «no puedo dar más, estoy exhausto, si doy la gente se aprovecha». Suena a límite sano, pero muchas veces es el miedo hablando: miedo a que te quiten, a no ser valorado, a no tener. Y mientras te proteges, creas y recibes menos, porque la energía va hacia la carencia.
Fíjate en dónde puedes dar sin ir lejos: un rato de atención, jugar con tu hijo cuando te lo pide, una sonrisa en la calle en vez de ir con la cabeza llena de preocupaciones. Cuando te abres a dar, te abres a recibir, y el gozo interno que aparece te muestra un camino nuevo.
La práctica: enfocarte en la abundancia
Observa en qué te enfocas: ¿en apreciar lo que hay o en quejarte por lo que falta?
Cuando aparezca la queja por la carencia, cámbiala por alabanza, amor y gratitud.
Ante un «no puedo dar más», pregúntate si es un límite real o si está hablando el miedo.
Busca un lugar concreto donde dar hoy: tu tiempo, tu atención, tu amor, sin ir lejos.
Si no te sientes abundante, practícalo igual dando, y deja que el universo traiga lo demás.
El universo solo quiere darte y siempre está trayendo todo hacia ti. No lo frenes.
FAQ
Significa que la vida tiende a darte de forma constante, y que muchas veces somos nosotros quienes lo frenamos. Isha Judd explica que la percepción de «no hay suficiente» y el impulso de proteger lo nuestro nos empequeñecen y nos hacen crear menos. El universo solo quiere darte; el bloqueo está en el miedo y la carencia con que lo recibimos. Cuando dejas de frenar ese flujo, abriéndote a dar y a apreciar, empiezas a recibir la abundancia que ya venía hacia ti.
Para profundizar

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