ConcienciaEl verdadero significado del amor a uno mismo: Descubre cómo practicarlo diariamente
Isha Judd

Pulimos la cáscara mientras un «gusano» crece dentro. Ser completo no es ser bueno: es abrazar cada aspecto que escondemos, hasta el ego.
Imagínate que eres una manzana con una preciosa cáscara brillante. La pules cada día y a la vista de todos parece hermosa. Esa manzana es como nuestra personalidad: está llena de máscaras y de conceptos ideales sobre cómo deberíamos comportarnos, cómo deberíamos ser.
Esos conceptos nos dicen que deberíamos ser gente buena, que no deberíamos enojarnos, que deberíamos ser exitosos y padres amorosos. Nos dan un billón de presunciones sobre cómo tendríamos que ser, y caminamos toda la vida pretendiendo ser eso, puliendo la cáscara por fuera.
Mientras pulimos la superficie, en el centro, en la esencia de quienes somos, hay un gusano muy grande. Lo crearon la rabia, la depresión, el autoabandono, la pérdida del espíritu y la pérdida de la verdad de quienes somos. Ese gusano nada alrededor de nuestra conciencia y bloquea la luz del amor incondicional justo ahí, en nuestras raíces.
Para que la manzana brille de verdad, no alcanza con pulir la cáscara: hay que ir adentro y remover lo que no es real. Cuando te enfocas en tu conciencia y vas hacia adentro, el gusano empieza a desintegrarse, y la conciencia lo va sacando pedazo a pedazo. A medida que salen, ves las mentiras, las máscaras y las voces que te mantenían en limitación.
Cuando expulsas cada pedazo que no sirve, el centro, el amor que se había vuelto diminuto, comienza a brillar otra vez. La superficie adquiere una brillantez nueva, más luminosa, la de la verdad, porque abrazó cada aspecto de sí misma, cada parte que no quería ver. Para ser divino, uno tiene que estar dispuesto a ser cien por ciento humano.
Eso significa abrazar cada aspecto que juzgamos: la codicia, el miedo, los celos, la ira, el egoísmo. Cada parte que escondíamos bajo la falsa brillantez de la cáscara. Una persona con conciencia no es una «buena persona» que da para recibir aprobación ni que abandona su grandeza para encajar: es un niño inocente que vive cada momento por completo, dándole amor a su Ser y a los demás. Incluso al gusano hay que amarlo, porque también él es la Unidad.
Señales de que solo estás puliendo la cáscara
Te esfuerzas por parecer bueno, exitoso o amoroso mientras por dentro algo duele.
Escondes tu enojo, tus celos o tu miedo porque crees que no deberías sentirlos.
Das para recibir aprobación y abandonas tu grandeza con tal de encajar.
Juzgas ciertas partes de ti como inaceptables y no quieres ni mirarlas.
Sientes que, por más que cuides tu imagen, en el centro hay algo sin resolver.
Un caso para reconocerte
Alguien que a la vista de todos es la persona perfecta (amable, exitosa, siempre disponible) pero que por dentro carga rabia, autoabandono y un vacío que nadie ve. Esa es la cáscara pulida sobre el gusano: por más brillo exterior, la manzana sigue afectada mientras no se toque el centro.
Fíjate en las partes de ti que no quieres mirar: la codicia, los celos, el egoísmo, el miedo. La invitación no es taparlas mejor, sino abrazarlas. Cuando las dejas de esconder y las amas, el amor del centro vuelve a brillar y te vuelves realmente completo.
La práctica: abrazar lo que escondes
Nombra un aspecto tuyo que juzgas y sueles esconder (ira, celos, miedo, egoísmo).
En lugar de taparlo bajo una mejor imagen, míralo de frente y abrázalo con amor.
Recuerda que ser completo no es ser «bueno»: es animarte a ser cien por ciento humano.
Cuando notes que das para recibir aprobación, vuelve a tu grandeza en lugar de encajar.
Ama también al «gusano», a tu ego: incluso esa parte es la Unidad, y merece amor.
Para ser divino, uno tiene que estar dispuesto a ser cien por ciento humano.
FAQ
Significa dejar de esconder las partes que juzgamos, la ira, el miedo, los celos, el egoísmo, la codicia, y amarlas en lugar de taparlas. Isha Judd usa la imagen de una manzana: pulir la cáscara no sirve de nada si adentro hay un gusano. Ser completo no es parecer bueno, sino integrar todo lo que somos. Para ser divino, uno tiene que estar dispuesto a ser cien por ciento humano, abrazando cada aspecto que preferiríamos no mirar.
Para profundizar

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