Los MiedosLa Ansiedad Hackeando Nuestra Posibilidad De Bienestar
Isha Judd

Buscamos seguridad en estructuras externas, pero el único hogar seguro es la profundidad de tu ser. Anclado en el corazón, no hay nada que proteger.
Siempre estamos buscando estructuras externas que nos den seguridad. Nos identificamos tanto con tradiciones e ideas que se repiten una y otra vez, aunque ya no encajen en la conciencia de este momento. Cuando hay evolución, en cambio, soltamos constantemente las ideas del pasado.
El único hogar que puede darte seguridad es la profundidad de tu ser, ese «SER» que vive dentro de tu corazón. El corazón vive en unión, da, y no anhela nada externo, porque se siente completo dentro de sí. Desde ese lugar seguimos evolucionando a lo largo de la experiencia humana.
Esa quietud, esa seguridad, ese amor están siempre presentes, porque es algo que nunca podemos perder. Estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, somos conciencia en acción. Pero rara vez estamos en el presente, rara vez abrazamos la belleza que nos rodea, ya sea la naturaleza, los animales o la singularidad de cada persona que conocemos.
No lo percibimos porque vivimos de forma insustancial, saltando sobre la superficie del estanque en lugar de sumergirnos en la profundidad y descubrir lo que hay debajo. No estamos aprendiendo a vivir, estamos tratando de sobrevivir. Nos enseñaron a competir en lugar de estar unidos, y a creer que todas las riquezas son externas, cuando en realidad están adentro y solo hay que ir a descubrirlas.
Sentimos que hay algo que proteger simplemente porque no estamos presentes con nosotros mismos, con nuestro propio amor interno. Cuando nuestra identidad individual se convierte en la cajita donde creemos que tenemos que estar, esa cajita se vuelve nuestro ataúd. Vivimos diciendo «no soy eso», hasta que en algún momento de la evolución nos toca darnos cuenta de que «yo soy eso».
Como vivimos tanto en la superficie, percibimos amenazas ilusorias todo el tiempo: cualquier cosa parece amenazar nuestro territorio. Un pensamiento entra y ya nos ponemos en modo protección. Pero cuando estamos anclados profundamente adentro, nada puede cuestionar ese territorio ni removerlo. El amor incondicional es lo único que todos tenemos en común, y cuando nos anclamos en él, el poder del intelecto se vuelve un eco distante. No hay nada que proteger.
Señales de que vives sintiendo que hay algo que proteger
Buscas seguridad en estructuras externas: reglas, tradiciones, cosas, roles.
Percibes amenazas por todos lados, como si todo pusiera en riesgo tu territorio.
Un solo pensamiento te pone de inmediato en modo protección o defensa.
Te aferras a ideas del pasado aunque ya no encajen en el momento que vives.
Vives tratando de sobrevivir y competir, en lugar de vivir y estar unido.
Un caso para reconocerte
Alguien que necesita que todo esté bajo control (las reglas, los planes, la aprobación) para sentirse seguro, y que ante el menor cambio se pone a la defensiva. Esa búsqueda de seguridad afuera nunca alcanza, porque todo está en tránsito y cambiando, y por eso siempre aparece una nueva amenaza que enfrentar.
Fíjate cómo un simple pensamiento puede ponerte en modo protección, buscando afuera una razón para no sentirte a salvo. Cuando en cambio vuelves a la profundidad de tu ser, a tu corazón, esa misma situación deja de amenazarte, porque ahí dentro nada puede quitarte lo que eres.
La práctica: anclarte en la profundidad del ser
Cuando busques seguridad afuera, recuérdate que el único hogar seguro es la profundidad de tu ser.
Sumérgete en el presente: percibe los sonidos, los olores, la belleza que te rodea ahora mismo.
Cuando un pensamiento te ponga en modo protección, obsérvalo y vuelve a tu corazón.
Suelta una idea o tradición del pasado que ya no encaje en el momento que vives.
Ánclate en el amor incondicional y nota cómo la sensación de amenaza se vuelve un eco distante.
Cuando vivimos en el corazón, nos sentimos y estamos seguros todo el tiempo.
FAQ
Según Isha Judd, porque no estamos presentes con nosotros mismos ni con nuestro amor interno. Cuando nuestra identidad se vuelve una cajita donde creemos que tenemos que quedarnos, vivimos a la defensiva. Al habitar la superficie de la vida en lugar de su profundidad, percibimos amenazas ilusorias por todos lados y cualquier cosa parece poner en riesgo nuestro territorio. La sensación de tener algo que proteger nace de esa desconexión, no de un peligro real.
Para profundizar

Newsletter semanal con artículos, agenda de retiros y lo más leído del blog.
Al suscribirte aceptas nuestra Política de privacidad.