Los MiedosLa Ansiedad Hackeando Nuestra Posibilidad De Bienestar
Isha Judd

Si tocas el miedo, desaparece. El miedo no es real: es información grabada que crea separación. Lo único real es el amor, y tú eres eso.
¿Te ha pasado que, en cierta situación, sentiste miedo, y que al rato, cuando el miedo se fue, experimentaste más amor? Si prestas atención a eso, tal vez empieces a darte cuenta de algo: el miedo no es real.
El miedo está en tu mente y en tu cuerpo, creando separación de quien eres en realidad. Fuiste grabando memorias y reacciones que establecen dualidad y separación, porque sin miedo no conocerías la dualidad, así como sin oscuridad no podrías percibir la luz dentro de la ilusión.
La ilusión es tan compleja e intensa como necesita ser para que la vida pueda experimentarse a sí misma como algo separado. La adrenalina, las emociones y las memorias forman los contrastes de esa ilusión. Nada de eso tiene que ver con lo que verdaderamente eres, aunque jurarías que es real. No es otra cosa que información.
Todos hemos vivido una ruptura importante, un evento lo bastante impactante como para causar separación del amor y de nuestra grandeza. Esa separación deja un registro físico y químico: el miedo. Es como el disco duro de una computadora que guarda toda la información, y esa información es la que crea la sensación de estar separado de tu propia grandeza.
Cuando vas más allá de donde el miedo te deja llegar, le quitas la energía y el poder que tenía sobre ti. Aparece entonces una libertad que es interna, y por eso la puedes sentir en cualquier momento y en cualquier lugar: un espacio abierto que vibra en dicha, que está en paz, que es amor.
Verás tus surcos más profundos, esos miedos que cargan tanta emoción, y poco a poco irán perdiendo fuerza hasta que la reacción deje de existir. El surco puede seguir ahí, pero ya no te dispara. La vida, vista así, es un juego: no hay nada que lograr ni ningún lugar adonde ir, solo jugar, crear y experimentar.
Señales de que el miedo te tiene atrapado
Reaccionas en automático ante situaciones que en el fondo no son peligrosas.
Sientes una separación de fondo, como si estuvieras lejos de tu propia grandeza.
Un mismo tema te activa siempre la misma carga emocional, una y otra vez.
Crees que el tiempo, el cambio y la pérdida son lo más real que hay.
Vives protegiéndote de amenazas que, cuando las miras de cerca, no llegan a concretarse.
Un caso para reconocerte
Isha lo cuenta con su propia historia: tenía el drama del abandono, y cualquier cosa se lo activaba. Vivía reaccionando a ese miedo como si fuera una verdad enorme e inevitable. Todo, en su vida, parecía confirmarlo.
Cuando la carga emocional de ese surco se disipó, pudo ver lo que en realidad era: la respuesta automática de una vieja grabación, no algo real. El surco seguía ahí, pero ya no la gobernaba. Eso es descubrir, en carne propia, que el miedo no es real.
La práctica: tocar el miedo para atravesarlo
Cuando sientas miedo, no huyas: acércate y tócalo, en lugar de reaccionar en automático.
Recuerda que lo que sientes es información grabada, no una verdad sobre quien eres.
Ve un poco más allá de donde el miedo te deja llegar: ahí es donde le quitas su poder.
Quédate en el vacío que deja el miedo al ceder y nota lo que aparece: un espacio de paz y amor.
Repítelo cada vez que el miedo vuelva. Con el tiempo, el surco sigue, pero la reacción se apaga.
Si tocas el miedo, desaparece, y dentro de ese vacío hay una cantidad ilimitada de amor.
FAQ
Porque el miedo no es una verdad sobre quien eres, sino información grabada en tu mente y tu cuerpo. Nace de una separación del amor y de tu grandeza, y queda registrado como una reacción física y química, igual que datos en un disco duro. Esa información crea la ilusión de dualidad y separación. Cuando la atraviesas, el miedo se disuelve y descubres que lo único real detrás de él es el amor. Por eso Isha Judd afirma que el miedo no es real.
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