Los MiedosLa Ansiedad Hackeando Nuestra Posibilidad De Bienestar
Isha Judd

El ego no se suelta de golpe: protege algo que todavía no maduró. Se afloja en un proceso, cuando vuelves al presente y empiezas a amarte.
Soltamos el ego a través de un proceso. El ego es, en realidad, nuestra personalidad: nuestras protecciones, nuestros miedos, nuestra arrogancia. No es que un día decidimos «suelto mi ego» y se fue. No funciona así, porque el ego está protegiendo algo que todavía no está maduro.
¿Y de dónde viene el ego? De la cabeza: de los programas, las memorias, las ideas, los sistemas de creencias. Poco a poco podemos empezar a desafiar esas ideas y a ver las protecciones, y eso ocurre cuando nos permitimos liberar las emociones y el estrés, y cuando cultivamos hacernos conscientes del momento presente.
El ego es muy rápido: siempre tiene una respuesta, siempre tiene una defensa, siempre tiene una imagen que proteger. Y puede hacerlo justamente porque no estamos presentes. Cuando sí lo estamos, cuando nos anclamos en un lugar de silencio interno, empezamos a verlo y empezamos a cambiar, porque comenzamos a atestiguarnos a nosotros mismos.
Al hacer un proceso empezamos a vaciarnos, y algunas cosas se vuelven evidentes, clarísimas: vemos nuestras protecciones, conocemos nuestra imagen, reconocemos lo que tratamos de imponer, de ocultar o de conseguir. Pero hay cosas más sutiles que no notamos, y son justo las que nos hacen sufrir: los lugares donde no creemos en nosotros, donde fingimos, donde aparentamos ser más grandes de lo que en el fondo nos sentimos.
Las personas que no tienen ego son, sencillamente, normales: no están tratando de demostrar nada. Quien vive desde la conciencia soltó su ego y es muy real; no necesita fingir, puede decir «no sé» o «no puedo hacer esto» sin miedo. Eso es no tener ego: una abundancia interior que da porque desborda, sin necesidad de que «se vea» de determinada manera.
Cuidado, porque hasta la humildad puede ser una postura: «mírenme, ¡soy tan humilde!». Eso sigue siendo ego. La ausencia total de ego es silenciosa y natural. Se mueven emociones, como en los niños, pero no como un niño que trata de llamar la atención, sino como un niño que simplemente es él mismo.
Señales de que el ego todavía está apegado
Siempre tienes una respuesta lista y una imagen que defender, incluso cuando nadie te ataca.
Te cuesta decir «no sé» o «no puedo»: sientes que tienes que aparentar.
Por dentro te percibes pequeño e inseguro, y por fuera tratas de mostrarte más grande.
Sostienes una postura, aunque sea la de humilde, para que los demás la vean.
Te juzgas: hay aspectos tuyos que apruebas y otros que rechazas, en vez de dejar pasar el juicio.
Un caso para reconocerte
Piensa en alguien que insiste en mostrarse humilde: «yo no soy nada, soy tan sencillo». Esa exhibición de humildad sigue siendo una postura, y toda postura es ego apegado. No hay nada que demostrar cuando de verdad sueltas: simplemente eres, sin cartel.
Fíjate también en cuánto te cuesta decir «no sé» o «esto no lo puedo hacer». Esa dificultad revela una imagen que estás protegiendo. Quien soltó el ego dice esas frases sin drama, porque ya no necesita aparentar ser más grande de lo que se siente.
La práctica: volver a ti para soltar el ego
Ánclate en el momento presente y en el silencio interno: el ego pierde fuerza cuando dejas de estar en piloto automático.
Permítete liberar emociones y estrés, en lugar de tragártelos. Ahí empiezan a caerse las protecciones.
Atestíguate: observa qué imagen tratas de imponer, qué ocultas y qué intentas conseguir.
Cuando te descubras fingiendo o aparentando ser más grande, no te juzgues; solo reconócelo y suéltalo.
Empieza a amarte: a medida que dejas de abandonarte, el juicio sobre ti se va cayendo solo.
La ausencia total de ego es simplemente silenciosa y natural: solo somos nosotros mismos.
FAQ
No de golpe, sino a través de un proceso. Isha Judd aclara que no puedes decidir un día «suelto mi ego» y ya está, porque el ego protege algo que todavía no está maduro. Se afloja poco a poco: cuando desafías tus viejas ideas y creencias, cuando liberas emociones y estrés, y cuando cultivas estar presente. Al anclarte en el silencio interno empiezas a atestiguarte, y desde ahí el ego se va soltando de forma natural.
Para profundizar

Newsletter semanal con artículos, agenda de retiros y lo más leído del blog.
Al suscribirte aceptas nuestra Política de privacidad.