
La unificación: práctica para vivir con paz interior (Salud180)
Isha Judd

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Te sucede que al ir de vacaciones y estar mucho tiempo junto a otros comienzan los conflictos o no te sientes bien? Este es un buen momento que te propongo usarlo para descubrir la raíz del sentir y cambiarlo. Porque en realidad no se trata de lo que hagan los miembros de tu familia ni de que ellos cambien, sino de lo que sientas y hagas en cada oportunidad.
Lo típico es que, mientras más tiempo pasan juntos, más terreno fértil para pequeñas batallas hay, en las que progresivamente los ánimos se van caldeando, hasta que comienzan las explosiones. ¿Estas cómoda y contenta con tu respuesta en esas situaciones, o querrías cambiar y no engancharte más? Aquí va mi propuesta: sanar, utilizando las relaciones familiares, y verás que cuando cambies, tu entorno naturalmente también cambiará.
Toda la separación inicial del ser humano, la separación original del amor y la unidad, proviene de la familia primaria: los padres, los hermanos. Eso es lo que queda grabado y lo que va tiñendo nuestra ventana de percepción, y es eso lo que hay que sanar.
Mis padres me llenaron de amor, yo era la princesita. Eran personas increíbles, de mente muy abierta, progresistas, pero yo no confiaba en ellos. ¿Por qué? Porque eran humanos, porque yo tenía esa parte marcada por haber sido abandonada y adoptada por ellos, porque me mintieron hasta que no me lo dijeron, porque en realidad, todo eso era solo una idea mía, y esa idea era la que hacía que yo me protegiera.
Cuando llegues a amar a toda tu familia desde tu corazón y sin juicios, tú estarás sanado, pues fue en la interacción con ellos que se creó todo el miedo y todo el amor, la co-dependencia y la competencia. Aquí te dejo algunas sugerencias para enfocarte, aprovechando cada oportunidad al estar juntos:
– Trata de ser más sensible con tu familia y más consciente de tu entorno. Dedica una hora al día para conectarte internamente haciendo alguna práctica que te sensibilice en el contacto contigo mismo. Después, lleva esa conciencia a tus interacciones familiares. Mientras compartes con ellos, escúchate a ti mismo, siendo consciente de tu sentir interno. Es difícil ser insensible con los demás al estar conectado con uno mismo.
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