Nos aferramos a nuestras ideas, a nuestros sueños, pero luego vemos que tiene que haber algo más, porque podemos tener todo en la vida y aún así no ser felices. ¿Y qué podemos hacer? Comenzamos a darnos cuenta de que el éxito y la felicidad no provienen de acumular, que hay algo más, que se trata de “dar” y de “ser,” experimentando.

Perdiendo todo para encontrarme

Recuerdo que desde niña siempre tuve este profundo entendimiento del amor incondicional. Cuestionaba todo, porque podía ver la incoherencia de las cosas, podía ver que había algo muy extraño sucediendo alrededor mío. Y aunque yo provenía de una increíble familia muy evolucionada, tenía la necesidad de un entendimiento más profundo. Pero en algún momento, solté mi búsqueda de la espiritualidad o de la comprensión – en realidad ni siquiera sabía lo que era la espiritualidad – y me volqué por completo a ser una yuppie, a tener éxito, a triunfar en todo.

Hasta que en un momento de mi vida, perdí todo lo que tenía. Absolutamente todo. Y cuando lo perdí todo, la pregunta surgió de nuevo: ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué razón me quitaron todo? ¿Por qué todos mis seres queridos murieron? ¿Por qué perdí todo? Y creo que fue en ese momento – porque estaba sufriendo mucho, el nivel de dolor era muy intenso – que comencé a buscar nuevamente algo más profundo, algo más permanente, algo que pudiera sostenerme.  Porque me di cuenta que todo lo externo era frágil: las personas que amaba, el éxito que había logrado, todo podía desaparecer.

Dejando salir las emociones reprimidas

Sé que yo estaba muy cerrada como ser humano. Siempre fui fuerte, consistente, pero tenía todas estas emociones, todas las muertes a mi alrededor, las experiencias traumáticas, incluso mi adopción, todo reprimido, muy reprimido, hasta que llegué a sentirme agobiada de estrés. Es muy importante que las personas se conecten y dejen salir sus emociones reprimidas, porque una vez que las dejan ir, comienzan a vaciarse y a vibrar en una frecuencia diferente.

Persiguiendo ilusiones

Se nos enseñó miedo, todas nuestras mochilas están llenas de miedo, y de esa falsa idea de que “esto” o “esto otro” nos traerá felicidad.  Pero a mí nunca me sucedió, el peso de la mochila más bien me derribó. Viví experiencias, una tras otra, y se suponía que me traerían esa felicidad. Tal experiencia me tenía que transformar en exitosa, y esta otra me tenia que hacer sentir amada.  Y lo hice, hice todo, pero aún me seguía faltando algo.

Abriendo las alas

Entonces supe que tenía que quitarme la mochila, porque con ella no podía volar. Si no puedes abrir tus alas no puedes volar. ¡Y no puedes abrir tus alas si estás aferrado a tu mochila! Después que la sueltas, empiezas a ver el amor, y lo experimentas.  Está en todo, es liberador, fluye, acepta, abraza, y eso es lo que queremos ser: un gran “sí” a la vida.

Viviendo desde otra perspectiva

Es increíble cuando ves a las personas conectadas con la conciencia, al instante puedes notar que sus corazones comienzan a abrirse. Todos los humanos debieran experimentarlo porque es simplemente una progresión natural, desde tener un corazón cerrado, a tener un corazón abierto, a tener un corazón que abraza cada aspecto de uno mismo, en lugar de vivir en la mente donde siempre te estás juzgando y estás siendo violento contigo.

¡Es un cambio tan simple para la humanidad,
el abrazar nuestros corazones!
Es el cambio
que estamos necesitando.