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Abracémonos con el papá en la simplicidad del corazón

By 15 Julio, 2015Artículos

En este mes de junio todos los escaparates nombran al papá. La ternura y la presencia reúnen a varias generaciones, historias, culturas y formas aprendidas que fueron pasando desde los ancestros hasta a penas ayer.

Esto nos resuena a cada uno de nosotros de diferentes maneras. Hay quienes hemos tenido o tenemos un papá atento, pendiente de todo lo que necesitamos, el gran proveedor, presente materialmente, con atención, pero no muy afectivo.

Otros tal vez tienen o tuvieron un papá ausente, para quien el trabajo, sus actividades externas a la familia son lo más importante, y en ese caso, difícilmente recordamos un momento especial para nosotros compartiendo con él.

Hoy en día los papás jóvenes de casi todas las culturas tienen ya más integrados los aspectos emocionales con los racionales y masculinos, un balance mucho más presente en el día a día, al igual que la mujer, que hoy es activa y efectiva en su labor en el mundo.

Hay algo que de seguro los papás de ahora ayudan a transmitir: la confianza en el mundo, en la vida y el sentirse sostenido.

Hoy podemos ver a los padres jóvenes en contacto con sus emociones y sosteniendo a sus hijos emocionalmente, varones o mujeres, más allá del género, pues están conectados por sobre todo como seres humanos.

La comunicación es abierta y no tan aferrada a las rigideces de roles, de comportamientos, de normas inflexibles. Y es así como podemos ver con claridad, los niveles de expansión de la conciencia de la humanidad, creciendo más y más, esa unificación interna que sucede entre el propio aspecto racional y estructurado (masculino), el emocional y creativo (femenino) y el mundo que nos refleja aquello.

Pero es en esta transición que a veces nos complicamos, ya sea con nosotros mismos, con nuestras relaciones, con nuestros sentimientos y con lo que pensamos, y estas complicaciones las disparamos, ya que siempre creemos  que hay algo malo con nosotros, que no lo estamos haciendo bien, estamos siempre analizando y criticando, buscando dramas que entonces confirman que no somos lo suficientemente buenos, y en este caso como papás, nos sentimos  tironeados entre dos mundos.

Constantemente vamos creando situaciones en las que nos consideramos no aptos, o rechazados, o no amados, y es así como nuestra mente se mantiene afirmando que no somos merecedores del amor, mientras tratamos de fingir que no nos sentimos como en realidad nos sentimos, es decir, no siendo reales.

Este es un juego que muchos hombres y mujeres recrean, pero en el caso de los papás,  si están en menos contacto con lo interno, con lo sensible, con lo vulnerable, pueden encontrar más difícil a veces relacionarse con sus hijos, sean pequeños, adolescentes o adultos, y esto crea separación.

Tenemos que ir más allá del sentir superficial. Las complicaciones son parte de esta ilusión, pero no tienen en realidad nada que ver con la verdad, con ese amor profundo y eterno que está dentro de nosotros y que contiene todo.

De modo que tenemos que atravesar todo eso, conectándonos y moviéndolo todo, hasta que nos anclemos en la unidad, y allí no existe ya ni cuestionamiento ni complicación, pues es la perfección.

De esta manera llegas a conocer tu grandeza, pero hasta que no la conozcas, la estarás buscando externamente.

Al unificarnos más con nosotros mismos, descubrimos ese punto en el que la dualidad no nos lleva ya como un velero a la deriva, sacudido por los vientos oscilantes, sino que nos enraíza en esa verdad interna que va más allá de la dualidad, de los extremos, de las ideas, de los correctos o equivocados, de los admisibles o rechazados, ese lugar que encontramos profundo en nuestro corazón y desde el cual el amor se desborda, y esto es absolutamente común a todos.

En esta seguridad, que tiene presencia, que tiene una certeza y fortaleza que no depende de lo externo, podemos en nuestra función de padre, madre, esposo, esposa, profesional o lo que seas, transmitir esto a nuestro alrededor, y sobre todo, brindar la confianza y seguridad frente a todo lo que sea necesario atravesar.

Feliz día cada día, papá, pues cada día dejas ese amor grabado en tu compartir con esos niños que te miran, que te imitan y te aman incondicionalmente.  Esos niños que crecen siendo lo mejor que pueden ser y que están ahí para ser sostenidos en su grandeza, para que desarrollen, con tu amor y con tu apoyo, lo mejor que cada uno puede ser, sin limitarles de ninguna manera esta aventura que es la vida, para que descubran y desarrollen su máximo potencial.

Feliz día papá y que tu corazón hoy sonría en el abrazo de tus hijos, más allá de las diferencias, descubriendo el sí común compartido.

Feliz día papá, y que tus ojos reflejen ese espejo infinito de amor incondicional que has descubierto adentro y que ilimitadamente puedes compartir.

En este tiempo, vayamos entregando las complicaciones de nuestra mente a la simplicidad del corazón,  esa simplicidad que todos experimentamos de niños. Hagamos de ese lugar interno nuestro más preciado lenguaje de encuentro y comunicación con nuestros seres queridos, y el mundo les sonreirá.

“Abracemonos con el papa en la simplicidad del corazón” – mujeractual.cl – Chile, Junio 2011

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